El candidato a la Presidencia de EEUU por el partido Republicano Donald Trump durante el debate con su rival demócrata Hillary Clinton hoy, miércoles 19 de
El candidato a la Presidencia de EEUU por el partido Republicano Donald Trump durante el debate con su rival demócrata Hillary Clinton hoy, miércoles 19 de octubre de 2016, en la Universidad de Nevada en Las Vegas (EE.UU.). ( EFE/JIM LO SCALZO)

Han pasado apenas unos días desde que una grabación de Donald Trump tomada 11 años atrás, puso en relieve el ataque sexual. Y lo propició precisamente el hecho de que alguien como él, una celebridad de TV contendiendo por la silla presidencial, haya hecho comentarios sobre sí mismo atacando sexualmente a mujeres.

Se han oído argumentos a favor de Trump sobre cómo ese tipo de pláticas son supuestamente usuales entre hombres, cambiando el enfoque del problema totalmente. En realidad, el admitir haber cometido diversos ataques sexuales no es algo normal dentro de una conversación masculina como pretenden mostrar los que respaldan al magnate.

Pero la verdad es que solo un puñado de sociópatas, perversos y, como en el caso del magnate, narcisistas; no se avergonzarían de admitir algo así.

El escuchar la grabación denota no solo vulgaridad por parte de ambos participantes; sino también una conducta criminal por parte del candidato.

Buscando defenderse, Trump sacó nuevamente a la luz los casos de denuncias de violación y ataques sexuales en contra del ex presidente Bill Clinton, y el hecho de que Hillary no solo trató de acallar a las entonces victimas de su esposo, sino que también las atacó y descreditó, no la hace verse con suficiente materia moral como para ser juez en este caso.

Es verdad que en estas elecciones, no es Bill Clinton quien debería ser increpado. Aunque por otro lado, lo es que la forma de reaccionar de Hillary Clinton ante la conducta también criminal de su esposo, muestra un claro doble estándar. En otras palabras, pareciera que para ella un acto así fuera algo reprensible; siempre y cuando no sea su esposo quien lo haya cometido.

Es obvio que al proteger a su marido, la candidata también está protegiendo sus propios intereses. Hace unos cuatro años, la entonces candidata a representar a su partido, Hillary Rodham Clinton, se dio cuenta que sin el apellido Clinton, no podía realizar su sueño de convertirse en la primera presidenta de esta nación. Su cambio de nombre a Hillary Clinton fue también un simple movimiento político. ¿Tratar de lograr la presidencia ahora sin el marido? Ni pensarlo. Y es que a pesar de su larga trayectoria política, definitivamente sí tiene un gran peso el hecho de que tenga un ex presidente por marido; eso ya lo pudo constatar.

En conclusión, resulta bastante desafortunado que en estos debates y en las elecciones en general, la conversación se centre en temas dignos de tabloides de chismes y no en las cosas que a todos nos interesan. Sin embargo, tampoco es nada bueno que se trivialice algo tan nefasto como el ataque sexual.

En realidad, el hecho de que una mujer sea agredida de forma tan grotesca; que esto se intente minimizar; y que además a la mayoría de partidarios del candidato republicano no les importe la profesa conducta criminal de este, habla muy mal no solo de ellos, sino de todos nosotros como sociedad.

Esa cultura patriarcal nuestra en la que la víctima de un crimen así -regularmente mujer- sea culpada por lo sucedido y la falta sea disminuida sencillamente por ser algo habitual, se ha extendido ya demasiado tiempo.

Es por eso que muchas mujeres prefieren callarse y aguantar todas esas palabras vulgares, o esas acciones no bienvenidas de parte de los hombres, por medio de las cuales, son reducidas a simples objetos sexuales. Sin embargo, en este caso en particular, las palabras de Trump, han hecho que varias alcen la voz y lo denuncien. Sus palabras solo confirmarán hechos de un caso en el que el mismo Donald ya rindió su propio declaración... en su contra.

Mándenos sus comentarios a: rmsandoval@live.com

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