Todos tenemos el poder de la decisión a nivel político, eso lo sabemos. Pero, ¿qué tan efectivo es ese poder en realidad?

La democracia, como ya hemos visto en las pasadas elecciones, dista mucho de ser algo perfecto. En primera porque la virtud de esta en la cual la mayoría gana, resulta ser también su defecto.

En noviembre presenciamos por TV cómo la mayoría de estados se tornaban rojos (republicanos) mientras que todo el país votaba por un nuevo presidente.

El ganador fue no el que explicó pasos concretos para lograr sus promesas, como es requerido de aquella persona que busca convencer a una gran masa de gente a darle su preferencia en comicios. En esa ocasión, ganó aquel que apeló a prejuicios y miedos de una mayoría blanca, sobre todo población de estados rurales donde generalmente hay más pobreza y menos preparación. En otras palabras, triunfó la demagogia.

Y el problema de estas elecciones radicó simplemente en la ignorancia de muchos votantes. Junto con la apatía, esa inopia de la gente que los inhabilita a hacer una elección sabia y prudente, provocaron que un individuo como Trump ganara la presidencia.

No puedo más que decir que nuestra democracia ha degenerado en una oclocracia, lo cual es básicamente el uso de la ignorancia popular para poder manipular a través de la demagogia. Aunque si bien, dudo que esta haya sido la única ocasión en la que sucedió algo así, no se puede negar que fue la más certera y obvia.

Hemos presenciado de primera mano, como una democracia ha degenerado tanto, al grado de hacerla inoperable. Aquí es donde aplica llanamente esa frase, "la tiranía de las masas", en la que una mayoría desinformada, toma las decisiones sobre el destino de todo un país.

En teoría, la presencia necesaria de un cuarto poder podría ayudar a contrarrestar esa ignorancia y apatía de la población. Sin embargo, los medios de comunicación actuales resultan una caricatura grotesca de lo que debería ser ese poder que ponga contrapeso a la balanza.

El exceso de entretenimiento que los medios de comunicación ofrecen y su falta de parcialidad, dejan un vacío profundo dentro de esta fórmula en la que el poder debe radicar en el pueblo.

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