Trabajando en un grupo, uno se da cuenta tarde o temprano que hay ciertas reglas, que si bien no son expresadas, silenciosamente son aceptadas de forma tácita por una gran mayoría. Lo curioso es que dichas reglas invisibles no deben necesariamente ser lógicas o justas. Esto se puede ver tanto en fábricas como en oficinas.

Para muestra, pongo un par de ejemplos.

Caso I

En un empleo anterior, la naturaleza de mis tareas laborales me generó un problema en los nervios de mi muñeca. Por el continuo uso del ratón y el tablero, comencé presentar indicios de síndrome del túnel carpiano.

Para evitar que esta situación empeorara, aprendí a usar el ratón con ambas manos, lo cual me ayudó a mitigar el problema por algún tiempo. Sin embargo, un día se me inflamó la parte trasera de mi muñeca derecha.

Fue allí que decidí ir al doctor. Este me dijo que yo presentaba una lesión laboral y que debía reportarlo en la empresa en la que trabajaba. Así lo hice. Lo que vi, por un lado, es que alguien se encargó de arreglar ergonómicamente mi estación de trabajo. Por otro lado, la persona de recursos humanos me retiró el saludo por algunas semanas.

Esto, aunque no me afectó en realidad, se me hizo curioso. Tal vez creyó que yo estaba pensando en demandar a la empresa, lo cual no pasó siquiera por mi mente.

La compañía se encargó de comprarme una tableta como alternativa al ratón. Usándola, me di cuenta que el problema con mi muñeca fue disminuyendo.

Compañeros curiosos me preguntaban que qué cosa era esa tableta, y al explicarles que yo la usaba en lugar del ratón por mi problema en la muñeca, gran parte de ellos me mencionó que ellos también tenían el síndrome de túnel carpiano, pero por su tono al decirlo, me hicieron ver que no se les hacía tan importante como para molestar a la empresa. Como si ese tipo de dificultad fuese más bien personal.

Alguno hasta me hizo una broma sobre las personas "ergonómicamente sensibles".

Lo que ellos no se paraban a pensar, es que en realidad, el problema sí era laboral, y que uno para extender su vida productiva y su integridad física, debía tomar acción. Sin embargo, ellos elegían sufrir en silencio, algo que me atrevo a identificar como "estoicismo laboral".

Al notar que la empresa -a regañadientes- me proveía de lo necesario para lograr tener un cubículo ergonómico, me di cuentade que ellos ya sabían que las estaciones de trabajo que teníamos todos los empleados no eran las mejores. Sin embargo, solo aquellos que pedíamos un cambio lo obteníamos.

Caso II

Hace años, trabajando para unas revistas, a un amigo le tocó lidiar con un jefe que por un lado, de vez en cuando mostraba generosidad al pagar por las comidas de sus empleados; mientras que por otro, exigía que se le demostrara respeto de las formas más peculiares.

El se dio cuenta de esto en los primeros días cuando, mientras que el horario de salida era las 5 p.m., notaba que él era el primero en salir y que la mayoría se quedaba aun trabajando.

Poco después, el supervisor le dijo que aun cuando el turno ya había acabado, al jefe le gustaba que le preguntaran si había algo más para hacer antes de retirarse. Lo curioso es que la gran mayoría de veces, no había nada urgente. Aun así, muchos se quedaban 30 minutos o más a hacer algo que fácilmente podrían haber hecho al día siguiente. Las mañanas eran algo lentas en esa compañía.

Por otro lado; el jefazo también opinaba que los empleados debían tomar sus descansos reglamentarios en sus propios cubículos. Fue esto último lo que le ocasionó fricciones con el mismo, ya que él prefería ir al cuarto de refrigerio a tomar una siesta y así regresar más enfocado a trabajar. Además, se dio cuenta que si uno se quedaba a hacerlo en su escritorio, el manager se aparecía de repente a preguntar que qué estaba haciendo.

Poco a poco fue notando que los demás empleados comenzaban a hacer bromas y comentarios sarcásticos del hecho de que él continuaba tomando sus descansos fuera de su cubículo. De cierta forma, pienso ellos resentían el hecho que mi amigo optara por hacer lo correcto cuando ellos preferían tener al jefe contento. Aguantaban sus abusos estoicamente, y a cambio, el jefe les trataba bien, mientras que el ambiente entre ellos era agradable hasta cierto punto.

Él por su parte también dejó de preguntar si había "algo más que hacer"; considerando -por su propia experiencia-, que si había algo urgente, se les haría saber desde temprano o antes de dar las 5.

La actitud de sus compañeros hacia a él fue tornándose un poco excluyente y hasta llegó a haber acoso laboral. Está de más decir que mi amigo no duró mucho en ese trabajo. Aceptó una buena oferta en su empleo anterior y tuvo la suerte de que le ofrecieran mejor sueldo.

Actitud de turba y mentalidad de manada

Cuando se confronta este tipo de acciones y actitudes con las que mi amigo tuvo que lidiar, un individuo puede llegar a sentirse aislado y presionado a entrar emparejarse con la conducta de los demás.

Por otro lado, el hecho de aceptar que las cosas son como son y no buscar una solución efectiva, pueden llevar a una persona a aguantar ciertas cosas que en realidad no debería, como en el caso de mis ex compañeros de trabajo, los cuales preferían seguir el concenso general y aceptar sus condiciones laborales, aun cuando estas les estaban causando daño físico. En mi caso, yo decidí ser proactivo después de tratar soluciones propias que solo me ayudaron temporalmente.

A veces la acción a tomar -como in micaso- no es tan radical. El simple hecho de comunicar un malestar y buscar ayuda en la misma empresa, puede resolver el asunto como en el caso de mi estación de trabajo.

Pero en el segundo caso, el peso moral y racional de acciones como las que tomó mi amigo, son lo único que válida a la persona que sufre este tipo de acoso sutil e indirecto cuando decide alzar su voz o negarse a aceptar algo inadecuado.

En situaciones así, vale la pena sopesar las circunstancias. Si lo negativo que sucede resulta mínimo al compararse con lo bueno que uno obtiene, entonces no hay más que darle por su lado al jefe lunático -hasta cierto punto-. Pero si uno realmente no está contento con un trabajo, se puede contemplar la posibilidad de conseguirse otro.

Sopesando una desición fuerte

Claro está que algunas veces, esta decisión resulta más bien compleja. En dado caso, una persona puede elegir ser presa de "abusos mínimos" siempre y cuando el cheque quincenal siga llegando y se pueda llevar la fiesta en paz.

Pero cuando la persona siente que sus principios y dignidad como persona no están siendo respetados, entonces buscar otro empleo siempre es una mejor opción, ¿no lo cree?

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