Washington, 27 abr (EFEUSA).- El proteccionismo comercial fue la gran propuesta electoral del presidente Donald Trump y lo ha empleado como un instrumento de negociación y moneda de cambio, tanto contra socios (Canadá, Alemania) como adversarios (China), con menos éxitos de lo esperado en sus primeros cien días de Gobierno.

Durante la campaña, Trump situó el comercio como uno de sus ejes primordiales y prometió una retirada inmediata del Acuerdo Transpacífico (TPP), firmado entre EEUU y otras 11 naciones del Pacífico; la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), con México y Canadá; y la designación de China como manipulador de divisas.

"Comprar y contratar estadounidense" fue el lema del magnate neoyorquino, algo que no se ha cansado de remarcar desde su llegada a la Casa Blanca el 20 de enero con su encendida defensa de las empresas y los puestos de trabajo en el país, que ha acompañado con un afán desregulador tanto en el sector financiero como productivo.

El nacionalismo económico de Trump ha copado gran parte de los titulares debido a sus grandilocuentes comentarios, pero la realidad es que los resultados han sido cuanto menos dispares.

El único triunfo rotundo fue la salida del TPP, acuerdo negociado por su predecesor, Barack Obama, y del que se retiró el primer día en el poder.


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Sobre el TLCAN, la incertidumbre se ha extendido tras unas primeras semanas repletas de amenazas a México y las empresas que planteasen deslocalizaciones en el vecino del sur.

Si bien varias grandes firmas, especialmente las automotrices como General Motors y Ford han prometido nuevas inversiones en el país, la mayor parte de ellas estaban ya incluidas en planes previos que se han adaptado para satisfacer las demandas de Trump.

Trump ahora amenaza con retirarse unilateralmente del pacto si no consigue renegociar "un acuerdo justo para todos".

El TLCAN aún no cuenta con fecha para iniciar su renegociación, y el polémico impuesto de ajuste fronterizo para penar las importaciones mexicanas se ha disuelto ante las posible represalias y efectos negativos para la economía nacional.

Esta semana, la beligerancia de Trump en materia comercial se trasladó hacia Canadá, que había sido uno de los pocos grandes socios comerciales que había eludido las críticas del mandatario estadounidense, y se anunció la imposición de una arancel de 20 % para las importaciones de madera canadiense.

Respecto a China, las aparentes presiones no han surtido efecto, y en su informe semestral el Tesoro eludió designar al gigante asiático como manipulador de divisa, una decisión que hubiese conllevado sanciones comerciales.

Trump argumentó que no es el momento para atacar a China, y ofreció a Pekín un "mejor acuerdo comercial" si colaboraba con Washington en la solución del conflicto de Corea del Norte, en el medio de una escalada de tensiones militar.

Para los analistas, este énfasis proteccionista no ha dado beneficios significativos y es contraproducente a medio plazo.

"Muestra una pobre señal al resto del mundo, arriesga acciones de represalia de nuestros socios comerciales y ofrece una falsa promesa a los ciudadanos estadounidenses", apuntaron Gary Clyde Hufbauer y Cathleen Cimino-Isaacs, investigadores del centro de estudios Peterson Institute for International Economics.

Quizá por ello, en las últimas semanas el gobierno estadounidense ha hecho especial hincapié en la positiva senda de los indicadores macroeconómicos, al poner como ejemplo el desempleo, que cerró marzo en el 4,5 %, nivel no visto desde la crisis de 2008, siguiendo en gran medida la tendencia vista en el final del mandato de Obama.

Asimismo, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, suavizó el discurso recientemente en su participación en la asamblea de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) en la que subrayó que el crecimiento de EEUU, como primera economía mundial, es "bueno" para el resto del mundo y puede tener "efectos de contagio positivos".

Mnuchin insistió en que el país puede crecer a una tasa anual superior al 3 %, frente a la media de apenas del 2 % de los últimos años, una vez se apruebe el programa económico de agresivo estímulo fiscal a través de un masivo plan de recorte de impuestos tanto para empresas como para trabajadores y se avance en la agenda de desregulación federal.

El plan, presentado el miércoles, ahonda en los superlativos al ser tildado del "mayor de la historia" pero elude detallar las medidas concretas sobre cómo se compensaría la caída en ingresos.

Pese a ello, Trump ha recalcado la fuerte alza en los mercados financieros, con Wall Street registrando récords históricos en las últimas semanas como síntoma de que la confianza se ha disparado en EEUU desde su investidura. EFEUSA