Miami, 4 may (EFEUSA).- La escritora española Rosa Montero aborda en "La carne", novela que presentará este sábado en Miami, el "esplendor y el terror de la vida" a lo largo de una existencia, en este caso el una mujer que acaba de cumplir 60 años y entabla una relación con un gigoló.

En una entrevista con Efe en Miami, antes de dictar un taller de escritura creativa como parte de las actividades de la feria del libro del Miami Dade College, la madrileña, que es candidata a un puesto en la Real Academia de la Lengua Española, dijo que en su última novela se habla del paso del tiempo y de lo que el tiempo hace, o deshace, "porque vivir es irse deshaciendo en el tiempo".

Escritora y periodista Rosa Montero
La escritora y periodista Rosa Montero durante la presentación de su novela, "Historia del rey transparente", en el Teatro Español de Madrid. (Archivo EFE/J.C. Hidalgo)

"El miedo a la locura, al fracaso, a no ser querido como uno quiere ser querido", tal como desgrana Montero, son temas que afloran al adentrarse en la historia de Soledad Alegre, cuyo nombre da pistas de cómo esas aristas se tamizan a través de un sentido del humor que permite "colocar lo que cuenta en su justo término".

Mujer atractiva, elegante y con personalidad, para su cumpleaños 60 Soledad decide contratar los servicios de Adam, un ruso de 32 años con el que acude a una función de ópera para dar celos a su examante, un hombre casado cuya esposa se encuentra embarazada.

Un hecho violento trastoca el desenlace del plan y da inicio a una relación volcánica en medio de una trama de intriga fuerte.


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"La carne" del título queda así retratada en una amplía acepción, y no solo como el envoltorio, o "prisión", del cuerpo, dice Montero.

"Es la carne que nos enferma, envejece, que nos mata, pero, paradójicamente, siendo la carne que nos mata es al mismo tiempo la carne que nos hace rozar la eternidad a través de la pasión amorosa, del sexo, del deseo".

Montero, que presentará la novela este sábado en el Koubek Center de Miami, relató que desde hacía años buscaba escribir una historia en el Madrid contemporáneo, ambientada en el mundo artístico y creativo (la protagonista es curadora de arte), y además exploraba también la idea de una persona que llega a los 60 años sin haber tenido una pareja estable.

Con ese peso y en ese momento de su vida, la persona puede llegar a inquietarse con la posibilidad de no conocer "jamás el amor", tal como explica la escritora.

"Siempre ha habido mujeres con hombres más jóvenes, solo que son relaciones clandestinas", dice respecto a la respuesta social que despiertan las relaciones entre personas de diferentes edades y como difieren los juicios si el que tiene menos años es hombre o mujer.

En la ficción, no solo la verdadera directora de la Biblioteca Nacional de España, Ana Santos Aramburo, aparece como un personaje, sino también la misma autora, quien sostiene una breve charla con Soledad, quien, por cierto, no oculta al lector su antipatía por la escritora, por sus tatuajes de pájaros en los brazos y por su forma de vestir.

"Soy muy Peter Pan y yo encantada de ser así, el niño vivo de dentro es el que crea", dice riendo la también periodista.

Rodeada de libros en la librería Altamira, en Coral Gables, y a contracorriente de visiones pesimistas sobre el poder de la literatura, la también cuentista y ensayista estima que nunca ha habido tanta gente leyendo como en la actualidad, aunque "todavía hay que ampliarlo más".

Reconoce al mismo tiempo que las nuevas series televisivas, con "una narrativa maravillosa", son el equivalente a la novela por entregas del siglo XIX, pero insiste que el poder de la palabra escrita no ha perdido vigencia.

Se confiesa, mas bien, preocupada con los 'smartphones', "con el efecto fisiológico o neurológico que puedan producir y que generan una falta de concentración", y sugiere estudios en torno a los efectos que esos aparatos pueden suscitar en el cerebro, el "órgano más plástico y adaptable que hay".

"Todo el mundo tiene un bajonazo de falta de concentración", afirma, en una sentencia en la que ella misma no se excluye: "Me lo observo en mi misma, todo el rato cogiendo el teléfono...".

Y aunque el actual "neofacismo del mundo", que ha permitido el brote de dirigentes y movimientos populistas en Estados Unidos y Europa, es una muestra de la crisis de la "falta de credibilidad del sistema democrático" ve con esperanza los movimientos que salen a las calles y la respuesta de la sociedad.

"Hay algo, la sociedad se está rearmando", señala. EFEUSA