México, 28 may (EFEUSA).- La diva del cine Silvia Pinal, musa de Luis Buñuel, repasó hoy en la Ciudad de México su apasionante aventura de vivir; una larga trayectoria repleta de grandes películas, romances, viajes y fama.

Pinal, nacida en 1931 en la ciudad de Guaymas del noroccidental estado de Sonora, leyó junto al actor mexicano Xavier Marc varios extractos de su autobiografía "Esta soy yo".

Sin perder su insigne elegancia, Pinal revivió pasajes de todo tipo simpática, desinhibida y muy cercana a los espectadores que fueron a escuchar sus vivencias en un acto en el Palacio de las Bellas Artes.

"Me siento como en mi casa porque aquí estudié, entraba y salía y tuve mi primer novio", dijo nada más subir al escenario.

Antes de empezar a desmenuzar algunos pedazos de su vida anticipó que hablaría de anécdotas, desgracias y momentos tiernos, dulces o dolorosos. Aunque en realidad se centró en lo más bonito y curioso.

"He sido mujer empresaria, artista, secretaria general, asambleísta, diputada y senadora, pero sobre todo un ser humano que ha tratado de vivir su vida sin herir a nadie", aseguró.

Proveniente de una familia de "mujeres fuertes", fue hija de una madre soltera, que quedó embarazada a los 15 años de un hombre mayor y casado.

En sus inicios cinematográficos, Pinal llegó a cobrar 300 pesos (unos 16 dólares de hoy) por películas como "La bamba" (1949), pero unos años más tarde se enfundaba miles de pesos por rodaje, según recordó esta actriz, una de las últimas vivas de la gran época de oro del cine mexicano de los años cincuenta.


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Además de la actuación, que compartió con grandes como Mario Moreno "Cantinflas" y Pedro Infante, repasó también su otra debilidad; los hombres.

Rafael Banquells fue ese actor cubano "encantador, al principio" que se convirtió en su primer marido y de quien se divorció años más tarde: "El matrimonio no me había gustado nada. Y tenía que pagarlo todo", dijo hoy entre risas.

Lo siguieron otros amantes y maridos, que detalló con una memoria prodigiosa, plagada de anécdotas.

Por ejemplo, estuvo con Emilio Azcárraga, propietario de Televisa, durante cuatro años. Un romance profundo, total, pero con un "desgraciadísimo mujeriego".

Convertida en estrella, se hizo construir una casa "grandota" y con una piscina "olímpica" y le pidió a Diego Rivera que le hiciera un retrato.

El genio le preguntó si iba a posar desnuda y tumbada, a lo que ella respondió: "De pie y vestida".

En aquella época, Pinal se quedó sin efectivo y él, quizás intuyendo que no había dinero de por medio, le regaló la pintura.

Entre las muchas anécdotas que este domingo salieron a la luz, Pinal recordó su salto al estrellato internacional gracias al cineasta español Luis Buñuel.

Con él rodó "Viridiana" (1961) -el papel "más importante de mi carrera"- "El ángel exterminador" (1962) y "Simón del desierto" (1965).

Conoció al director en una casa que este tenía perdida por Teruel, en España. Un lugar que el cineasta utilizaba para escapar de la realidad dictatorial impuesta por Francisco Franco, explicó la actriz.

"Se lo debo todo a Buñuelito", dijo al final de su intervención esta actriz, que hoy relató solo "una primera parte" de su extensa vida, y fue despedida con aplausos y vítores por un público de todas las edades. EFEUSA