Washington, 12 jun (EFEUSA).- El futuro político de Donald Trump está, en gran medida, en manos del exdirector del FBI Robert Mueller, ahora encargado de investigar la injerencia rusa en los comicios presidenciales de 2016, algo que no se le escapa al entorno más cercano al magnate, donde ya han empezado a blandir sables sobre la cabeza del alto funcionario.

Tras la cinematográfica comparecencia de James Comey, a quien el mismo Trump despidió a principios de mayo por estar al frente de las pesquisas sobre la trama rusa desde el Buró Federal de Investigaciones (FBI), ya son varias las voces afines al multimillonario que han dejado caer la idea de que el presidente también despida a Mueller.

El expresidente de la Cámara de Representantes, e importante aliado de Trump, Newt Gingrich atacó hoy sin miramientos a Mueller en su red social Twitter.

"Los republicanos están delirando si piensan que el fiscal especial va a ser justo", escribió el conservador, pese a que Mueller es uno de los exdirectores del FBI más prestigiados tanto para demócratas como para republicanos.

De hecho, el propio Gingrich alabó la elección de Mueller como fiscal independiente para el caso el mes pasado, sin embargo, hoy cambió radicalmente de opinión alegando que el investigador ha conformado su equipo con varios donantes demócratas y exempleados de la Fundación Clinton, por lo que pone en duda su imparcialidad.


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"No sé dónde tiene la cabeza Mueller -aseguró Gingrich en conversación con el diario especializado The Hill -¿Cómo puedes salir y contratar a alguien que trabajó para la Fundación Clinton?".

Aún así, el expresidente de la Cámara de Representates y aspirante presidencial enfatizó que no estaba pidiendo ninguna acción específica contra Mueller, algo que no descartan otras personas del entorno del multimillonario.

Jay Sekulow, nuevo miembro del equipo legal personal del presidente, se negó a descartar el despido de Mueller a manos de Trump en una entrevista televisada este domingo, mientras que Chris Ruddy, amigo personal del mandatario, dijo hoy que Trump ya tiene la idea en la cabeza.

"Creo que está considerando quizás poner fin al fiscal especial- dijo Ruddy en la cadena PBS-. Creo que está sopesando esa opción".

"Personalmente pienso que sería un error muy importante, aunque no creo que haya una justificación para tener un fiscal especial (sobre el caso ruso)", agregó.

El testimonio de Comey ante el Comité de Inteligencia del Senado estuvo repleto de detalles sobre las conversaciones e intercambios de dudosa ética que el también exdirector del FBI compartió con Trump, sin embargo, Comey dejó en manos del fiscal especial del caso dilucidar si estos incurrieron o no en "obstrucción a la Justicia".

Según relató, el multimillonario le pidió abiertamente "lealtad" cuando aún dirigía el FBI, así como le solicitó que "dejara pasar" la investigación abierta sobre su exasesor de seguridad nacional Michael Flynn por sus contactos con Moscú.

Al hacer pública su versión de los hechos, de la que Comey es consciente de que no hay testigos, recae en Mueller la responsabilidad de aclarar el papel de la campaña de Trump en la interferencia ya probada por parte de los rusos en las elecciones, pero también el rol de Trump en el devenir de las investigaciones abiertas al respecto.

La posibilidad de despedir a Mueller no suena descabellada para un Trump poco acostumbrado a las correcciones políticas sin embargo la decisión, de tomarla, podría ser contraproducente.

Como explicó hoy Peter Wehner, quien trabajó para los Gobiernos de Ronald Reagan, George H.W. Bush y George W. Bush, cesar a Mueller sería "una táctica muy trumpiana, pero sería una bomba políticamente".

"Sería una bomba política -reflexionó el republicano- y podría estar muy cerca de una admisión de culpabilidad". EFEUSA