El cinco de mayo, cuando se contabilizaba el desastre de Birmania en 4,000 muertos, el Gobierno de Estados Unidos autorizó una primera ayuda de 250,000 dólares, algo así como el sueldo anual de dos burócratas de bajo rango.

Pero la ayuda para desestabilizar gobiernos con los que la Casa Blanca tiene viejas rencillas es otra cosa. Dos días después de autorizar un 250,000 dólares de ayuda al desastre de Birmania, en la edición de Los Angeles Times, la administración Bush reconocía la forma tan ineficaz en que se gastaban el dinero de los pagadores de impuestos. El programa USAID de 45 millones de dólares utilizado supuestamente para atacar el gobierno cubano y darles lecciones de democracia, era solo un subsidio para los anticastristas de la Florida.

Este programa, según los propios datos de un reporte oficial, había encontrado que ese dinero se había destinado, entre otras cosas, en compra de "goodies" como suéteres de lujo y chocolates Godiva, además de que su distribución no había parado en los verdaderos maestro rurales de la democracia.

El mismo Felipe Sixto, del Center for a Free Cuba, tuvo que renunciar, cuando el FBI lo investigaba por malversación de fondos.

Ahora, la administración Bush anda en búsqueda de maestros de democracia en Europa y Latinoamérica, para que se gasten esos millones de dólares de los pagadores de impuestos, para que promuevan la democracia en el mundo.

Pero estos problemillas quizá no les importe a los cubanoamericanos que celebraban en una Gala al octagenario acusado de terorismo, Luis Posadas Carriles.

Posada Carriles, ex agente de la CIA, y maestro especializado en democracia tercermundista, es señalado como el cerebro que hizo explotar un avión de pasajeros cubano en 1976, donde murieron 73 personas, incluyendo el equipo de esgrima que regresaba de Venezuela.

Analistas norteamericanos creen que aunque Posada estuvo en una prisión de Texas por haber entrado ilegalmente a EEUU (se naturalizó ciudadano venezolano), la administración Bush aún lo protege por miedo a que de a conocer intentos de asesinatos y otros "chismecillos" políticos.

Quien sí puso el grito en el cielo, fue el profesor Peter Kornbluh, presidente del Proyecto de Documentación sobre Cuba, de la Universidad George Washington.

"El espectáculo de un terrorista internacional siendo tratado como un héroe en Miami, hace un hazmerreír de la política de Bush de en su supuesta guerra al terrorismo", dijo Kornbluh a Carol Williams de Los Angeles Times (7 de mayo).'