Pekín, 19 ago (EFE).- El esperado duelo entre Messi y Ronaldinho, que se anotó el de Rosario por presencia, velocidad, actitud y un claro desequilibrio físico a su favor, quedó finalmente eclipsado por los goles marcados y el penalti forzado por Agüero, con los que Argentina hizo justicia ante un Brasil muy conservador (3-0).

Ni Messi ni Ronaldinho rubricaron un partido para enmarcar, especialmente el de Porto Alegre, cuya condición física lastró sus intentos por participar en el juego ofensivo de Brasil pese a estar liberado de cualquier tipo de obligación defensiva y al que sólo se le vio en el terreno de juego al botar las faltas y saques de esquina de la "verdeamarella".

Pero Messi, al menos, hizo gala de ese nervio y esa chispa, ese impulso eléctrico que le caracteriza y con el que trató de desbordar sin demasiado éxito y firmar asistencias con más acierto para Agüero y Di María.

El de Rosario, además, se topó con un problema, esperado por otra parte. Anderson se pegó a Messi desde el mismo saque inicial y se erigió en su sombra en cada posesión albiceleste, mientras que Ronaldinho, pese a jugar hoy como claro segundo punta de la "canarinha", no recibió atención especial alguna.

Del único que hubo noticias en la primera parte fue de Messi, que exhibió mucha más movilidad y actitud y de cuyas botas salió un buen pase a Di María en el minuto 5 que el jugador del Benfica convirtió a su vez en un centro peligroso que Breno envió a córner con


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problemas.

Mientras el de Porto Alegre deambulaba por el césped y era ovacionado por el público cuando realizaba algún gesto técnico tan bonito como estéril, el de Rosario continuó teniéndoselas tiesas con un provocador Anderson, pese a lo cual trató de seguir aportando a la albiceleste y volvió a intentarlo de libre directo en el minuto 19, si bien Renan no encontró problema alguno para detener el disparo del jugador del Barcelona, demasiado centrado.

Doce minutos después, en el 32, Messi se aprovechó de una falta efectuada sobre él, para zafarse de la defensa brasileña, recoger un centro de Zabaleta en el lateral del área pequeña y enviar un balón raso envenenado que cruzó de derecha a izquierda la portería "canarinha" sin que encontrase rematador.

El delantero del Barcelona fue también el encargado de firmar la última oportunidad de gol de la primera mitad, con un tiro cruzado tras deshacerse de dos defensores por rapidez y ganas que requirió la estirada de Renan y que provocó que los espectadores corearan su nombre.

El público continuó gritando y aplaudiendo a Messi en la reanudación, pero, súbitamente, su compañero Agüero, que ya había gozado de una buena oportunidad en la primera parte, acaparó su atención.

El jugador del Atlético de Madrid encarriló el duelo ante una conservadora Brasil con dos goles de oportunismo en apenas seis minutos, el primero, en el 51, tras desviar un tiro de Di María y el segundo, en el 57, tras empujar en boca de gol un servicio de Garay tras una jugada de Messi.

Ronaldinho, del que nada se sabía desde hacía cuarenta minutos, sólo podía aparecer a balón parado, pero lo hizo, y de manera notable, en el minuto 64, con un lanzamiento de libre directo que se estrelló en el palo derecho de Romero.

Las entradas de Alexandre Pato por Sobis y Jô por Diego hicieron soñar por un momento con un Ronaldinho más funcional al colocarse centrado y de mediapunta, pero no fue más que eso: una fantasía que la sociedad Messi-Agüero disipó de un plumazo en el minuto 75 con una jugada del primero que ningún defensor brasileño supo cortar y un control del segundo que terminó en un penalti que Riquelme transformó.

Con un Brasil con nueve por las expulsiones de Lucas y Thiago Neves y desquiciado por no sólo por el 3-0, sino por el modo de encajarlo, tras priorizar el plano defensivo en perjuicio del ofensivo, el público se olvidó de Ronaldinho y sólo tuvo ojos para un Messi que lo intentó hasta el final, pero, sobre todo, para un Agüero que acabó eclipsando a los dos astros del balón.

Cuando el árbitro dio por concluido el partido, Messi, Agüero y Riquelme corrieron a consolar a Ronaldinho casi antes que a festejar su triunfo.

El nuevo jugador del Milán se retiró cabizbajo y triste en medio de la gran celebración de los albicelestes, que acarician su segundo oro consecutivo en fútbol. EFE