Pekín, 23 ago (EFE).- Todos los pronósticos habían dado a Estados Unidos y Japón como los grandes rivales que podían acabar con la supremacía cubana en el deporte del béisbol olímpico, pero los grandes verdugos de la novena caribeña ha sido la de Corea del Sur, que la ganó por 3-2 en la gran final del torneo de Pekín 2008.

Cuba, que necesitaba más que nunca el triunfo en el deporte emblema nacional junto con el boxeo, vio como después de haber humillado por paliza de 10-2 a Estados Unidos en las semifinales, no pudo con un rival que jugó una gran pelota.

Corea del Sur (9-0), el único invicto del torneo, demostró que ha avanzado mucho en el deporte del béisbol al tener no sólo pitcheo y buena defensa, como aportó en los pasados torneos, sino que también han aprendido a batear y lo hacen de manera efectiva y oportuna.

El manejador de Cuba, Antonio Pacheco, reconoció que el abridor surcoreano Hyunjin Ryu, que lanzó ocho entradas y un tercio, para ganar el partido, dijo que hizo un gran trabajo.

"Es un lanzador muy difícil de hacerle daño porque sabe colocar muy bien la pelota con la recta, a dentro y a fuera, sin darle nada a los bateadores", explicó Pacheco. "Pero creo que tuvimos las oportunidades claras de haber podido ganar el partido".

Que no aprovecharon y Corea del Sur en su primer partido por el oro olímpico, lo consiguieron para ser el tercer equipo después de Cuba y Estados Unidos, que se han repartido las cuatro títulos disputados


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hasta ahora.

Corea del Sur ha demostrado que tiene un equipo con un gran equilibrio en todos los apartados del juego, al presentar un pitcheo efectivo, un bateo oportuno y una defensa sin fisuras, como dejaron patente con la monumental doble matanza del noveno episodio, que valió un oro olímpico.

Con estas mismas armas, en la fase preliminar fue capaz de quitarle el invicto a Cuba después de ganarle por 7-4 el pasado 19 de agosto y repitió la historia para convertirse en el tercer equipo en llevarse el título sin conocer la derrota.

Sólo Cuba con los equipos de Barcelona 92 y Atlanta 96 lo han conseguido.

Si Ryu lanzó de forma excepcional, sus compañeros, el primera base Seung-Youp Lee conectó un jonrón de dos carreras en el episodio inicial Corea del Sur nunca perdió la ventaja, mientras que el jardinero Young-Kyu Lee, pegó un doble remolcador en el séptimo episodio para la otra carrera de Corea del Sur.

Seung-Yuop Lee bateó de 4-1, con un cuadrangular y dos remolcadas, mientras que Young-Kyu Lee conectó de 3-2, con un doble y una impulsada.

"Todo el equipo respondió con un gran béisbol y en los momentos decisivos", comentó el director deportivo de Corea del Sur, Kim Kyung-Moon. "Como sucedió en la fase previa hicimos bien las cosas y controlamos al bateo explosivo de Cuba".

Kyung-Moon dijo que cuando llegaron al torneo nunca pensaron en conseguir la medalla de oro, pero si de realizar un gran trabajo y al final consiguieron las dos cosas.

Todo lo contrario que los cubanos, que habían ganado tres de las cuatro medallas de oro desde que el béisbol se convirtió en deporte olímpico oficial en Barcelona 1992 y habían disputado las cinco finales consecutivas.

Además, la medalla de oro de Pekín 2008 tenía para Cuba doble valor simbólico ya que fue la despedida del béisbol del programa olímpico, excluido de la competición en Londres 2012, y los caribeños querían decirle adiós a lo grande, pero Corea del Sur se les interpuso en el camino de manera inesperada y frustrante.

De ahí, que no sirviesen para nada los jonrones solitarios de Michel Rodríguez y Alexei Bell para las carreras cubanas, el pitcheo surcoreano iba a ser su verdugo.

La única satisfacción moral que le quedó al equipo de Cuba fue el haber ganado en semifinales por paliza de 10-2 a su eterno rival, Estados Unidos, también se tuvieron que conformar con la medalla de bronce al ganar 8-4 a Japón.

Cuba buscaba su cuarta medalla de oro en el béisbol olímpico, después de haberlo ganado en Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Atenas 2004, pero sufrieron la decepción de Sydney 2000, cuando perdieron frente a Estados Unidos, y ahora la de Pekín ha sido todavía más dolorosa e inesperada. EFE