Varias personas disfrutan del buen tiempo en la playa fluvial, una playa artificial dentro del Parque del Agua junto al recinto de la Expo de Zaragoza. (EFE/Jorge Zapata)

No importa lo que hagas, siempre regresas de las vacaciones sin un céntimo y con agujero en la tarjeta de crédito. Esos hermosos pareos que te parecieron imprescindibles en tu armario ya están descoloridos por el sol, esas pulseritas no quedan tan lindas cuando no estás bronceada... He aquí algunas ideas para que disfrutes de tus vacaciones y te quede dinero para disfrutar también de la vuelta.

Está bien, estás de vacaciones, trabajaste todo el año y mereces algunos caprichos. Pero si no es a costa de pasar el otoño encerrada en casa y sin un céntimo, mejor ¿no?

Partamos de la base de que ya has hecho el gran desembolso, esto es, pagar el viaje y el alojamiento para estos días. Es ahora cuando llega el momento de ahorrar un poco sin renunciar a disfrutar.

Primera parada: el chiringuito, el merendero, el club junto a la playa o como prefieras llamarlo. Ahí al lado, tan tentador cuando terminas la jornada de playa. Bueno, pues también será el responsable de buena parte de tu ruina postvacacional si no te controlas un poco.

No se trata de renunciar a uno de los más deliciosos placeres playeros, sino de recordar el dicho "lo bueno, si breve, dos veces bueno". Con esto queremos decir que no te prives de tomar una cerveza, o un refresco, una piña colada... lo que te apetezca, siempre y cuando se quede en una, y no en una detrás de otra hasta salir del establecimiento dando traspiés y con la billetera temblando.

Hablando de bebida, otro truco para


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ahorrar es llevar agua tú misma a la playa en lugar de comprarla por el camino. Lo más útil es comprar un bidón o garrafa de agua y mantenerla refrigerada. Antes de ir a la playa, sólo tienes que rellenar una botellita ¡y listo!.

PICNIC PLAYEROS.

Es más, ¿por qué no hacer del pic-nic playero un arte? Olvídate de almorzar en restaurantes a diario y date el lujo una vez a la semana. Seguro que te sabrá mejor.

Algunas ideas: prepara una rica ensalada, brochetas de fruta, trocea una sandía o un melón, unas lonchas de fiambre, una tartera con queso fresco y miel. Son alternativas mucho más sanas que las grasientas patatas fritas o la hipercalórica hamburguesa que estarías tentada a pedir en un restaurante, con la excusa de que has hecho ejercicio nadando.

De esta forma no sólo gana en salud tu cuenta corriente, sino también tú, y habrás logrado esquivar esos kilitos de más con los que siempre regresamos de las vacaciones estivales.

Lo mismo es aplicable a la hora de la cena. Anímate a preparar algo ligero y degústalo a la luz de las velas, con la brisa marina entrando por la ventana. Si tienes la suerte de contar con una terraza, ¡perfecto! Eso sí, no escatimes en un buen vino para acompañar o

Miles de turistas en la Playa de Levante de Benidorm . (EFE/Manuel Lorenzo)
algún licor con el que poner el broche perfecto a la velada antes de salir a bailar.

Si eres una auténtica devoradora de libros, tienes varias alternativas: cuando hagas las maletas, rastrea tus estanterías en busca de esos libros que has ido comprando durante todo el año pero no tuviste tiempo de leer todavía, y llévatelos.

Una vez de vacaciones, si se te acaba el suministro de lectura, investiga si hay cerca una biblioteca pública. Además, desde hace algunos años hay servicios de "bibliobus" que recorren las playas para fomentar la lectura. Quizá en los puntos de información turística sepan las fechas y horarios en que pasan por tu playa.

AHORRA Y GANA EN SALUD.

Más trucos: ¡olvídate de la peluquería!

Dos turistas descansan en la playa de Punta Cana (República Dominicana). (EFE/Orlando Barría)
Relájate, estás bronceada, hace calor y nada más favorecedor y cómodo que un recogido.

Emplea la imaginación y dale uso por fin a todas esas diademas y gomas del pelo que has ido comprando por impulso en los últimos años. Los productos de fijación serán tus mejores amigos, y además, a tu cabello le hará bien olvidarse del secador durante una temporada.

De la misma forma, a tus piernas les vendrá de perlas olvidarse del coche. Aprovecha para dar largos paseos y vé caminando a la playa. Ahorrarás combustible, le harás un favor al medioambiente y, lo mejor de todo, este otoño e invierno lucirás como nadie tus gemelos torneados con esas botas altas que nunca te atreviste a usar.

Para las que tenéis niños, un estupendo plan veraniego es el cine de verano. Seguro que hay uno cerca, sólo tienes que preguntar. Una vez localizado, es el momento perfecto de llevar a tus pequeños a ver esas películas para las que durante el año nunca hay tiempo y, además, la entrada es mucho más barata que en la ciudad.

También puedes ahorrar y ganar en salud si a tus hijos les preparas helados caseros con jugo de frutas, les animas a retirar libros de la bibliioteca e inventáis juegos en los que participe toda la familia para así mantener sus cabecitas ocupadas y, por ende, bien lejos de la furia consumista del "quiero" y el "cómprame".

Eso sí, en lugar de asaltar el quiosco de golosinas con el que cuenta todo cine de verano que se precie, llevad vuestras propias provisiones, ya que la diferencia de precio es abismal. Palomitas, dulces, refrescos... y chaquetas para todos, pues a menudo refresca en las noches estivales.

Otra de las perdiciones veraniegas son, sin duda, los mercadillos, donde dilapidamos pequeñas fortunas en objetos y prendas que en ese momento nos parecen imprescindibles, pero que a la luz del otoño pierden todo su esplendor. Pareos, bisutería, bolsos, sandalias, enseres decorativos que una vez de regreso no sabes dónde poner y se convierten en acumuladores de polvo.

Bien, no es necesario que te mantengas alejada de ese pequeño placer que son los mercadillos, pero sí que pienses bien lo que compras. Para empezar, lleva poco dinero contigo, e intenta que lo que compras tenga utilidad más allá de los días de verano. ¿Necesitas de verdad otro par de sandalias? ¿Y ese espejo en forma de pez? Ya conoces la respuesta... .

LOS PUNTOS.

Una alternativa es que visites el mercado de alimentación, pues probablemente tengas alguno cerca. Pregunta a alguien del lugar y súrtete allí de fruta, verdura y tal vez pescado. La mercancía suele ser de lo más fresca y encima, más barata que en los hipermercados. Déjate aconsejar por los lugareños.

Por último, es interesante que consultes los puntos acumulados en tu tarjeta de crédito antes de salir de vacaciones.

Te sorprendería saber todas las ofertas que dejamos de utilizar: ópticas, parques de atracciones, restaurantes, hoteles, combustible. Son muchos los establecimientos que ofrecen descuentos por medio de los puntos de la tarjeta. Infórmate sobre las ventajas que puedes obtener con tus puntos de todo el año.

Y ahora, una vez en casa, calcula lo que has ahorrado y permítete un capricho: un tratamiento de belleza para ponerte a punto para el otoño, un bolso divino, unas botas para presumir de piernas torneadas. ¡Te lo has ganado!. EFE-REPORTAJES