Quito, 26 Sep (Notimex).- Rafael Correa es un mandatario latinoamericano atípico que deplora la infidelidad conyugal; es un devoto católico y este domingo aspira a iniciar la transformación institucional de Ecuador con la aprobación de una nueva Constitución.

El gobernante ecuatoriano de 45 años de edad, el más joven de América Latina, sabe que si gana el referendo constitucional de este domingo podrá instrumentar una reforma estructural del Estado y afianzar su ambicioso proyecto político.

Correa triunfó en los comicios presidenciales de 2006 tras una breve y fulgurante carrera política y asumió como jefe del Estado ecuatoriano en enero de 2007 con la promesa de convocar a una Asamblea Constituyente y redactar una nueva Carta Magna para el país.

En el caso de Correa son difíciles las medias tintas: sus adversarios lo consideran un izquierdista radical y un incondicional del mandatario venezolano Hugo Chávez, quien logró impulsar su Revolución Bolivariana a través de una nueva Constitución.

Hay quienes también ubican al presidente ecuatoriano como un enemigo de los empresarios y de la propiedad privada, mientras que la izquierda radical de su país lo acusa de "derechizarse" y lo cataloga como un aliado de las transnacionales.

En abril de 2005, Correa era un joven economista independiente que saltó de la academia al Ministerio de Economía gracias a su descollante currículum profesional: hoy es presidente de Ecuador y líder del movimiento


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político con más respaldo popular en el país.

Correa es un político poco común, de estilo frontal y abierto, que dice lo que piensa: por ejemplo, sostiene en público que la prensa de su país "es mediocre y corrupta, salvo honrosas excepciones", y pide a sus connacionales que dejen de ser tan machistas.

A dirigentes izquierdistas como Eduardo Delgado y Napoleón Saltos, quienes lo han acusado de responder a los intereses de la derecha, los ha ubicado en el ámbito de "una izquierda infantil, intransigente y fundamentalista que nunca ha hecho nada".

En una reciente entrevista con Notimex, Correa sostuvo que su objetivo es conducir a su país hacia el socialismo del Siglo XXI "pero con sentido común", sin radicalismos de ningún tipo.

El presidente explicó ese "sentido común" de una manera muy gráfica: por ejemplo, a propuesta suya la nueva Carta Magna de Ecuador que redactó la Asamblea Constituyente -la cual sesionó hasta julio pasado- reconoce los derechos de la naturaleza.

Sin embargo, Correa aclaró que por encima de los derechos de la naturaleza están los derechos humanos "y si yo me estoy muriendo de hambre y veo el último cóndor que queda sobre en la tierra, yo lo hago fricasé (guisado)". Es decir, cuestión de sentido común.

"Yo soy un humanista cristiano de izquierda y católico practicante, sí señor, pero soy crítico de las estructuras de la Iglesia católica, que creo que son anacrónicas, una Iglesia muy vertical, muy piramidal, discriminatoria de la mujer", consideró.

De acuerdo con Correa, un doctor en Economía por la Universidad de Illinois, el machismo "es intolerable, tiene que cambiar; ese es el cambio cultural y no se lo logra por decreto, sino con educación, con la rebelión de las mujeres, sobre todo de las jóvenes".

El presidente ecuatoriano es miembro de una esforzada familia de Guayaquil que creció con el padre ausente (Rafael Correa Icaza, ya fallecido) y con su madre, Norma Delgado Rendón, como soporte único de él y sus hermanos Fabricio y Pierina.

Correa estudió becado la primaria y la secundaria en el privado colegio católico La Salle de Guayaquil; hizo la licenciatura en economía en la Universidad Católica de su ciudad natal; dos posgrados en Bélgica y Estados Unidos y un doctorado en Illinois.

Como economista estudiado, leyó a Carlos Marx, a Federico Engels "y a todos los filósofos del liberalismo, por si acaso", según aclara, pero contra lo que sus adversarios pudieran suponer está muy lejos de ser marxista.

"Yo creo que si Marx hubiera vivido el Siglo XIX y parte del Siglo XX no hubiera sido marxista; al menos no hubiera compartido con aquellos que se llamaban marxistas, que distorsionaron mucho el pensamiento de Marx", sostiene.

Para Correa, es evidente que existe una nueva izquierda latinoamericana "que comparte los principios e ideas con la izquierda tradicional, por ejemplo, la supremacía del trabajo humano sobre el capital" y la crítica hacía el libre mercado.

"No sé cómo pudimos vivir engañados todo ese tiempo con esos cuentos de que el mercado lo resuelve todo. Es hora de la acción colectiva, de que la sociedad realice esa acción colectiva a través del Estado, es necesaria la planificación", asevera.

De acuerdo con el gobernante ecuatoriano, "las armas del Socialismo del Siglo XXI son los votos, sus ejércitos son los ciudadanos. Ya el materialismo dialéctico, la contradicción, quedó para la historia".

Para el presente queda el referendo de este domingo y la posibilidad de que el atípico gobernante logre consolidar su proyecto político y la transformación institucional de Ecuador haciendo aprobar en las urnas una nueva Constitución.