MEXICO, D.F., junio 19 (EL UNIVERSAL).- Jaime Labastida, el director de la editorial Siglo XXI desde hace 19 años, tiene un pasado notable. Su bisabuelo combatió contra los franceses y el trofeo por esa lucha cuerpo a cuerpo fue una bandera de seda con bordados de oro; su abuelo paterno fue gobernador de Jalisco y su padre, médico. El no optó por ninguna de esas profesiones, se hizo poeta y filósofo; a veces más lo segundo que lo primero, pues entre un poemario y otro pueden pasar años.
Se concibe como un solitario y por consecuencia, un hombre independiente, un libre pensador que nunca ha militado en un ningún partido y que si en cambio alguna vez perteneció a una agrupación, fue a la Liga Espartaco, un círculo de Estudio donde dialogaba con los poetas José Revueltas y Eduardo Lizalde. También formó parte del grupo literario conocido como La Espiga Amotinada conformado por el propio Labastida, Óscar Oliva, Juan Bañuelos, Eraclio Zepeda y Jaime Augusto Shelley.
A pesar de que Francisco, uno de sus cinco hermanos -los otros son Eduardo, Juan, Gloria y Blanca-, es un político de carrera, Jaime Labastida Ochoa nunca ha entrado a la política ni militando en ningún partido "menos en el PRI", pero no está alejado de las problemáticas sociales que de tanto en tanto trata en el ensayo filosófico, que ya no en sus colaboraciones periodísticas pues desde el año 2000 cuando su hermano perdió la presidencia frente a Vicente Fox y decidió alejarse, un amigo le dijo que
Hace unos días, el 15 de junio, el autor de "Animal de silencios", "La palabra enemiga", "Cuerpo, territorio, mito" y "El edificio de la razón", cumplió 70 años de vida, pero lo celebrará entre amigos el próximo 24 de junio, durante un homenaje que le han organizado en el Palacio de Bellas Artes y en que participarán Adolfo Castañón, Miguel León-Portilla y Ernesto de la Peña, tres de sus compañeros en la Academia Mexicana de la Lengua.
Jaime Labastida es un ávido lector que se ejercita todos los días sin pretexto; un amante de la palabra escrita y artesano de la poesía que a veces tarda años en aparecer, pero cuando lo hace, llega a borbotones, porque todos los temas y las preocupaciones que acumula pugnan por salir hasta que lo logran y se convierten en un nuevo poemario.
Pero el filósofo le ha ganado al poeta. Aunque en 1996 recibió el Premio Xavier Villurrutia por "Animal de silencios", obra que reúne su creación poética, este año obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes pero no en la categoría de Lingüística y Literatura, sino en la rama de Ciencias Sociales y Filosofía, que él recibió feliz, acompañado de su familia que llegó procedente de Los Mochis, Sinaloa, ciudad en la que nació el 15 de junio de 1939.
Labastida Ochoa, el filósofo egresado de la UNAM que abandonó la cátedra en esa institución hace 20 años, tiene intereses múltiples, no sólo ejerce la poesía y el ensayo con vigor, también le interesa la crítica literaria. Buscaba "usar a la filosofía como una especie de elemento para escribir poesía", ha dicho el autor de Elogio de la luz y de la sombra, miembro de la Asociación Filosófica de México y de Fundación UNAM, consejero de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana y coordinador del Programa de traducción de autores mexicanos a lenguas extranjeras.
Aunque su pasión diaria es la lectura, su hobby es el golf que practica desde hace cuatro décadas, igual como lo han preferido otros escritores como Alfonso Reyes y Luis Spota, quien era su compañero de muchas partidas. Hoy sigue practicándolo dos veces por semana, a veces tiene notables contrincantes, como la golfista profesional Lorena Ochoa, quien es novia del hijo de su hermana.
Cuando al poeta, filósofo y editor le preguntaron ¿para qué sirve un pensador en estos tiempos?, él respondió que "para clamar en el desierto, para decir las cosas que nos incomodan. Sócrates decía que era como un tábano que muerde el anca de los animales y provoca, para decir cosas que la gente no espera oír. Muchas veces lo que uno dice no tiene eco suficiente, pero hay que decirlo".
Su apuesta siempre ha sido por el lector, por lo menos el ideal porque dice que un escritor nunca sabe para quien produce. "Los poetas, los filósofos, incluso los periodistas, publican sus artículos o sus libros como lanzas una botella a un mar ignoto"; sin embargo, apela a la lectura de los autores clásicos, a los que él siempre regresa y con los cuales dialoga en un tú a tú enriquecedor e interminable.




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