MEXICO, D.F., junio 17 (EL UNIVERSAL).- Decía José Saramago, "Cuántas veces precisamos la vida entera para cambiar de vida, lo pensamos tanto, tomamos impulso y vacilamos, después volvemos al principio, pensamos y pensamos, nos movemos en los carriles del tiempo con un movimiento circular, como los remolinos que atraviesan los campos levantando el polvo, hojas secas, insignificancias, que a más no llegan a sus fuerzas, mejor sería que viviéramos en tierra de tifones. Otras veces es una palabra cuanto basta".

Sí, con una sola palabra el escritor portugués trataba de cambiar al mundo, ese mundo intolerante que a él le parecía injusto, por eso sus ideales de democracia, de libertad, no se fueron con él aquel 18 de junio de 2010, los dejó aquí, para que el pueblo siga su ejemplo de luchar por un mundo mejor.

Saramago
José Saramago, Nobel de Literatura (EFE/Moreira)

Saramago, escritor autodidacta y con ideología de izquierda, murió hace dos años en su residencia de Tías, en Lanzarote, a los 87 años de edad a consecuencia de una leucemia crónica.

Era ese tipo de hombre intelectual de izquierda que luchaba contra la tiranía del capitalismo que lo mismo apoyaba causa de los pobres, como en el caso del alzamiento armado en Chiapas, en 1994, que escribía sobre Castro en Cuba. Pero entre sus contradicciones por las causas justas y de reivindicación social, vivía en la comodidad de su lujosa residencia, esas que el capitalismo "obsequia" a quienes se sirven de él.

Saramago fue Premio Nóbel de Literatura en 1998 por su "destacada capacidad para volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía".

Periodista y miembro del Partido Comunista Portugués sufrió censura y persecución durante los años de la dictadura de Antonio Salazar de Oliveira Salazar. Se sumó a la llamada "Revolución de los Claveles" que llevó la democracia a Portugal, en el año 1974.

Escéptico e intelectual mantuvo una postura ética y estética por encima de partidismos políticos, y comprometido con el género humano. Comprometido con el género humano, de forma general en sus obras hay una gran originalidad dada fundamentalmente por su controvertida visión de la historia y de la cultura.

Su obra está considerada por los críticos de todo el mundo como una de las más importantes de la literatura contemporánea. Su obra, narrativa en su mayor parte, es un acercamiento cálido a la vida cotidiana.

"Alzado del suelo" (1980) fue la novela que le reveló como el gran novelista maduro y renovador portugués. Se trata de una novela histórica, situada en el Alentejo entre 1910 y 1979, con un lenguaje campesino, una estructura sólida y documentada y un estilo humorístico y sarcástico que llamó enormemente la atención en su momento. Siguieron obras como "Memorial del convento" (1982), "El año de la muerte de Ricardo Reis" (1984), "La balsa de piedra" (1986), "Historia del cerco de Lisboa" (1989), "El evangelio según Jesucristo" (1991) y "Ensayo sobre la ceguera" (1995), obra en la que advierte sobre "la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron".

Saramago, escéptico pero solidario, reflexiona en esta novela sobre si cabrá la esperanza tras este nuevo milenarismo que la humanidad está viviendo.

También hubo espacio para los animales, particularmente sobre los perros, a quienes dedico algún espacio en sus novelas como en "Ensayo de la ceguera", "La caverna" o "La balsa de piedra".

Alguna vez Saramago dijo: "Yo no puedo escribir por el mero hecho de ser escritor tengo que tener un motivo. El día que se me acaben las ideas, se acabaron los libros".