Hay planes y pronunciamientos recurrentes en nuestro país que, de una o de otra forma, se repiten cada seis años, casi con las mismas palabras, aunque con diferentes protagonistas, obviamente: austeridad, rescate de la educación, abatimiento de la pobreza, fortalecimiento del peso y la no privatización de nuestros hidrocarburos, entre muchos otros. Sin embargo, a la llegada de Enrique Peña Nieto, como el 66 presidente de México, había que demostrar públicamente quién manda en el país y consolidar una posición de poder ante propios y extraños. Así, a su compromiso de las primeras 13 acciones de gobierno, vino el Pacto por México, e inmediatamente después la reforma educativa, misma que será aprobada en la Cámara de Diputados el próximo lunes.

Curiosamente, cuando todo mundo ha interpretado que se trata de un ´bombazo´ político directo contra la lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo, tanto el secretario de Educación, Emilio Chuayffet Chemor ("Elba Esther y yo somos profesionales", dixit) como los líderes políticos en las dos cámaras se encargaron matizar los efectos; en tanto que el secretario general del SNTE, Juan Díaz de la Torre, aseguró que esa organización será "una aliada" de la propuesta de la reforma educativa. Por supuesto que la disidencia rechazó el mismo proyecto, así como cualquier intento para evaluar al magisterio, según las declaraciones de Artemio Ortiz, quien se acredita como dirigente del Comité Democrático del SNTE, así como Juan José Ortega Madrigal, que encabeza en Michoacán la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Hugo Casanova, del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, alertó de que existe un "gran riesgo" de que el gobierno federal remplace a Elba Esther Gordillo como interlocutora sólo para entregar "concesiones" a un grupo económico vinculado con Televisa.

Para el presidente Enrique Peña Nieto la iniciativa de reforma educativa -que, al igual que el Pacto por México fue suscrito también por los dirigentes del PRI, PAN y PRD- permitirá reafirmar la rectoría del Estado en ese rubro; mientras que hasta ayer (cuando menos), la profesora en jefe del SNTE se mantenía agazapada, enviando a algunos de sus personeros, casi anónimos, a hacer declaraciones de apoyo genérico a la propuesta presidencial. Para la mayoría de analistas políticos, sin embargo, se trata de un probable ´quinazo´ con el que el político mexiquense comienza su gobierno, tal como ha ocurrido en el pasado reciente: Carlos Salinas de Gortari acabó políticamente con Joaquín Hernández Galicia "La Quina" (10 de enero de 1989), y posteriormente con Carlos Jonguitud Barrios en el SNTE; Ernesto Zedillo actuó contra Raúl Salinas el 28 de febrero de 1995, tras el asesinato de Francisco Ruiz Massieu; Felipe Calderón dio al traste con el SME la madrugada del 11 de octubre de 2009.

En ese mismo referente, el propio Emilio Chuayffet Chemor, actual secretario de Educación Pública (SEP), tampoco las ha tenido todas consigo, ya que a diez días del 15 aniversario de la matanza de 45 indígenas en Acteal, Chiapas (22 de diciembre próximo), el que fuera también secretario de Gobernación en ese entonces confesó que ese hecho representa una huella "indeleble" en su vida política, aunque insistió en que ni él ni el presidente Ernesto Zedillo tuvieron responsabilidad jurídica alguna en esos hechos, según la agencia Apro.

La propuesta presidencial para la reforma educativa coincide también con otra iniciativa alterna que fue presentada esta misma semana por el rector de la UNAM, José Narro Robles, en el llamado Plan de Diez Años para Desarrollar el Sistema Educativo Nacional, elaborado durante cuatro meses por 76 miembros de 29 dependencias de esa institución universitaria, quienes participaron a título personal, pero bajo el cobijo de la UNAM.

Cabe señalar también que apenas el pasado mes de octubre Elba Esther Gordillo fue "reelegida", por lo menos por seis años más, en el liderazgo del SNTE, ahora bajo la figura de Consejo Nacional, en cuya ocasión dijo: "Hoy vivo con gran orgullo, con profunda emoción, con el ánimo de dar todo lo que me queda y me reste para demostrar por qué somos libres". En el caso de aprobarse las reformas educativas por el Constituyente Permanente -eventualmente el próximo lunes- dejará de haber plazas vitalicias y hereditarias en el Sistema Educativo Nacional, según la propuesta del presidente Peña Nieto; en tanto que para la titular de la SEE en Michoacán, María Teresa Herrera Guido, la reforma al artículo tercero constitucional coadyuvará en la recuperación de la rectoría de la educación pública en el país, a la vez que los exámenes evaluatorios y obligatorios serán de gran beneficio para la profesionalización de la enseñanza pública en nuestro país. Esto, a pesar de las amenazas lanzadas por el dirigente estatal de la CNTE, Juan José Ortega Madrigal, quien advierte que "se vienen días muy difíciles para Michoacán y para el presidente Enrique Peña Nieto", sin considerar que ha sido precisamente esa organización una de las causas clave para que nuestro Estado se encuentre en uno de los peores planos educativos a nivel nacional. Para el colmo, está previsto que mañana se lleve a cabo en Morelia, el Congreso Nacional de la CNTE, en el que es de sobra sabido cuáles serán los temas para ser abordados.

La propuesta de reforma educativa forma parte esencial del Pacto por México, respecto del cual, el líder nacional del PRD, Jesús Zambrano, aseguró que esa organización política coincide en 80 de los 95 puntos planteados, y que, inclusive, "en algunos aspectos rebasa al proyecto presentado por los diputados perredistas al inicio de la 62 legislatura federal". Esto -dígase lo que se diga-, sienta un saludable precedente en materia de política educativa en el país, cuyos criterios y experiencias deberían asimilarse por la bancada perredista en el Congreso del Estado de Michoacán, en la que su coordinador, Fidel Calderón Torreblanca dista mucho de ser congruente a la responsabilidad legislativa que le fue encomendada, así como a las demandas y exigencias sociales de los michoacanos que no necesariamente militan en su pulverizado partido.