Cartel hecho por Ecologistas en Acción que denuncia los productos transgénicos.
Cartel hecho por Ecologistas en Acción que denuncia los productos transgénicos. (Archivos de EFE.)

Los alimentos genéticamente modificados han venido a formar parte de nuestra dieta diaria de forma sutil y exponencial.

Y digo exponencial, porque conforme pasa el tiempo, más y más alimentos cocinados con ingredientes hechos a base de organismos transgénicos o genéticamente modificados (OGM) son implementados en supermercados y restaurantes, y acaban en nuestras mesas.

Pero, ¿Qué significa realmente que un organismo sea transgénico y como nos afecta?

Primero que nada, un OGM es un organismo, en este caso vegetal, cuyo DNA ha sido alterado, ya sea adhiriendo o borrando genes por medios tecnológicos.

El DNA es el elemento básico del cual estamos hechos todos los seres vivos. Contiene todas las instrucciones desde como debe ser el color del vegetal, hasta qué tipo de frutos da y como se reproduce.

Las empresas alteran los genes de plantas ya sea inyectando DNA extra en el núcleo celular del organismo, o contaminando la planta con cierto tipo de virus o bacterias que supuestamente no son dañinos al ser humano, para que estos puedan así transferir cierto material genético a las plantas.

Pero, ¿que es lo que motiva a compañías internacionales como la llamada Monsanto para querer cambiar por medios científicos cultivos tan antiguos como lo son el maíz, el frijol de soya, etc.?

Su objetivo ha sido crear cultivos más resistentes a elementos de la naturaleza y a pesticidas, e inclusive disminuir su deterioro para que al llegar a las tiendas de servicio, los productos puedan durar más tiempo en aparador.

No quieren arriesgarse a tener las pérdidas millonarias que los cultivos de plantas regulares conllevan, puesto que están más expuestos a plagas y a elementos de la naturaleza, y además, tiene poca durabilidad durante su venta y muchos terminan siendo desechados.

Los beneficios de crear este tipo de cultivos son enormes para las grandes compañías como Monsanto.

Por otra parte, con la tecnología actual, ya hasta las mismas plantas pueden generar por sí mismas pesticidas para su propia protección -como la llamada toxina Bt.

Según los que apoyan los plantíos transgénicos, dicha toxina no representa riesgo para el ser humano.

Aunque no se conoce mucho sobre las implicaciones negativas de consumir productos con GMOs, el Environmental Sciences Europe publicó en su página web www.enveurope.com las conclusiones de 19 estudios en los que se alimentó a ratones y conejillos de India con maíz y fríjol de soya transgénicos.

En dichos estudios se encontró que estos animales presentaban problemas de hígado y riñón después de consumir los OGM.

Aunque también, en estos estudios se especificó que 90 días no eran suficientes para tasar también los efectos crónicos o a largo plazo al consumir dichos productos, y se ha propuesto extender el tiempo para concluir cualquier tipo de estudio de prueba, cosa a lo que Monsanto se opone. Inclusive ha enviado a representantes a Washington para ganar políticos que apoyen su causa por medio del cabildeo o del apoyo de campañas políticas.

En el presente, 90 días es el máximo para hacer este tipo de estudios.

Por sentido común, uno puede pensar que si las empresas oponen tanta resistencia, por algo ha de ser.

Ademas de esto, hoy en día en EE.UU. no se requiere que compañías como Monsanto den a saber si sus productos contienen OMG o no; cosa que es obligatoria en Europa.

Ecologistas en Acción de Palencia quiere impedir la creación de nuevos campos experimentales de maíz transgénico en Dueñas (Palencia), ante los riesgos que
Ecologistas en Acción de Palencia quiere impedir la creación de nuevos campos experimentales de maíz transgénico en Dueñas (Palencia), ante los riesgos que según ellos, conllevan este tipo de cultivos para la salud humana y el medio ambiente. Los cultivos de patata son los últimos en unirse a la lista de transgénicos. (Archivos de EFE.)

Esto deja a los consumidores del continente americano en la completa ignorancia de lo que llevan a sus mesas.

Actualmente en los Estados Unidos, los plantíos de maíz, soya y algodón transgénicos ocupan del 80-90% de producción total de estos productos según el Departamento de Agricultura de EE.UU, siendo este país el más grande productor de cultivos transgénicos.

Entre las frutas y verduras genéticamente modificadas cultivadas en EE.UU. están:

- Maíz

- Soya

- Trigo

- Papa

- Ciruela

- Papaya

- Azúcar de remolacha

- Melón

- Tomate

- Achicoria

- Calabaza o Squash

- Semilla de Colza

Si lee los ingredientes de cualquier producto y allí encuentra alguno de estos ingredientes, es bastante probable que contengan OGM. Muchos productos como el pan, aderezos de ensaladas, aceite de canela o maíz, formula para bebé, alimentos procesados, golosinas, etc. contienen transgénicos.

El comprar en restaurantes también implica que muy probablemente consumirá OGM.

La alternativa es cocinar en casa y comprar productos orgánicos tanto como se pueda si no quiere alimentar a su familia con ese tipo de productos.

Aunque el comprar orgánico implica gastar más, los mercados locales de granjeros (farmers' markets) son otra buena opción. Investigue como es que cultivan. Lea las etiquetas de los productos que compra en las tiendas.

Mientras que el gobierno no acceda a obligar a que las empresas etiqueten sus productos cuando estos sean transgénicos, lo mejor es tratar de estar enterado.

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