JUSTO el día en que el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, John McCain, acusaba a Barack Obama de tener una popularidad semejante los artistas, él coqueteaba con el artista del reguetón más popular.
EN UNA nota de Nicholas Riccardi, de Los Angeles Times (3 de agosto, A22), se mencionaba una reunión a puerta cerrada con Ramón Ayala, mejor conocido por Daddy Yankee.
NO SE qué relación pueda tener un veterano conservador de 71 años y un rapero que suele cantar canciones procaces. Quizá piensa que por lo de "Yankee" comulga con el mismo chauvinismo de McCain. O quizá porque el tema del regatonero "Dame más gasolina" comparten una preocupación por un tema de campaña.
LA COSA es que se vió tan chafa ese coqueteo del político, que cuando le preguntaron a Nicole Wallace, vocera de McCain, acerca del cantante boricua, esta contestó: "Yo no sé nada de Daddy Yankee".
LA VERDAD es una forma burda de querer ganar votos, tratar de asociarse con personajes que nada tienen que ver con las ciencias políticas, el activismo social u otras actividades relevantes de la administración pública.
NO CREO que la cultura política gane cuando alguien vota por un candidato, simplemente porque un cantante favorito se asocia con él.
SEGURAMENTE que los cantantes y actores tienen un lugar en un sistema político, y sus opiniones son dignas de ser tomadas en cuenta, pero esto debe ser como cualquier ciudadano de ese nivel educativo.
PERO en un sistema que celebra el "culto a la personalidad" de los artistas es probable que muchos despistados se tomen en serio las ideas políticas de un artista pop.
EN SU libro "Poder, Política y Pueblo" (Fondo de Cultura Económica), el sociólogo norteamericano Wright Mills explica cómo a los políticos les gusta asociarse a figuras públicas para crearse una imagen.
Y LO que estamos viendo con estas reuniones de McCain con Daddy Yankee, no es otra cosa que un dinosaurio del sistema político norteamericano tratando de influír en las nuevas generaciones de votantes.



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