Mi idea de "Juegos Olímpicos" empezó en el Barrio de San Juan, en Zacapu. Estamos hablando del las Olimpiadas de 1968.
En esa ocasión por primera vez tuve la oportunidad de saber de muchos deportes que no conocía, y de la forma de ser de muchas razas y países.
A los 11 años, mi mente infantil grabó muchos nombres: el levantador de pesas soviético Leonid Shavotinsky; el trotador mexicano, el Sargento José Pedraza; la gimnasta Checoslovaca Vera Chavlavska...
Hoy, en Long Beach, California, me da gusto saber que la abuela de Alex, el amigo de mi hijo, fue una lanzadora de javalina que estuvo en la boda de Vera Chavlavska en la Ciudad de México.
Pero más allá de las anécdotas, lo cierto es que los juegos juegos olímpicos cumplen la función de ofrecer una visión del mundo menos conflictiva para los niños.
Aunque sea por unos días, la televisión transmite deportes que difícilemente acceden a la pantalla. También muestra atletas de países que suelen ser contrincantes en lo político.
Sin embargo, hay que aceptar que los países que más medallas ganan, suelen ser, a excepción de Cuba, los que más riqueza concentran.
Cuba es y ha sido siempre el ejemplo de un país que ha dado proridad al deporte y a la educación, a pesar de los problemas políticos y económicos que enfrenta -esto lo ha dicho el mismo Colin Powell, en los Estados Unidos.
En lo personal, hasta lo que he podido ver de los Juegos Olímpicos de China, lo que más me ha impresionado es la competencia de salto sincronizado y el ciclismo femenil.
Los saltos desde el trampolín de estas muchachitas chinas es tan preciso que uno no puede dejar de asombrarse de cómo en el mismo aire logran coordinar las maromas y movimientos.
El ciclismo me gustó por esa destreza por llevar el ritmo en esa carretera mojada, y bajo la lluvia, y porque, en general, el ciclismo casi siempre muestra en "tiempo real" la belleza de cada país, en este caso la Gran Muralla China.
Por supuesto, me da gusto que en el momento de escribir esta nota, los mexicanos hayamos podido por lo menos "sacar el cobre", perdón, el bronce.
Sin Ana Gabriela Guevara, sin el Tibio Muñoz, sin el sargento Pedraza... por lo menos este par de clavadista, Paola Espinoza y Tatiana Ortiz, nos han regalado "algo", para justificar la visita a China.



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