Los Juegos Olímpicos son la fiesta de la humanidad. En Pekín (yo me resisto a llamarle Beijing)han resultado espectaculares e impecables hasta el momento. Los atletas de más de 200 países han llegado hasta ahí porque han hecho un gigantesco esfuerzo de disciplina y entrenamiento.

Sin duda, los logros de los atletas reflejan de cierta manera el estado general de un país. Se espera que naciones de Africa o incluso de América Latina, no tengan actuaciones destacadas, porque la situación económica, social de esos países, no se presta para la práctica de alto rendimiento de un deporte.

Belice o Haití, por ejemplo, que son países del continente americano, con situaciones económicas muy difíciles, probablemente no tendrán una actuación muy destacada.

Cuba, en cambio, a pesar de las críticas que se les han hecho por décadas por la falta de libertad, por las malas condiciones en las que viven y mil cosas más, es desde hace 30 años, el principal protagonista latinoamericano de los juegos olímpicos.

Los detractores dicen que tienen ese rendimiento porque Fidel castro casi casi los obliga a competir desde que son unos niños. En esas condiciones es inevitable hablar de México y sus deportistas.

México es la economía número 13 a nivel mundial, tiene una población que supera los 105 millones de personas, cuenta con una infraestructura deportiva espectacular, ha sido el único país latinoamericano que ha organizado unos juegos olímpicos y dos campeonatos


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mundiales de futbol. Sin embargo, el desempeño de sus atletas, es francamente lamentable. Las glorias deportivas de ese país, son jóvenes que en la mayoría de los casos no han recibido apoyo de ningún tipo de las autoridades deportivas, quienes a su vez, son conocidos en el mundo entero, por sus gustos sofisticados y su inclinación a la buena ropa.

Dicho en otras palabras: esos dirigentes se la pasan viajando y gastándose el dinero del presupuesto destinado al deporte, y no le dejan nada a los atletas que realmente representan al país.

Saltan los nombre de esos héroes olímpicos mexicanos, los boxeadores de cuna humilde, o el marchista Pedro Pedraza, un modesto agente de policía, y muchos nombres más. Bueno, no tantos, porque México, en su larga historia olímpica, no ha logrado acumular ni siquiera 10 medallas de oro.

Quien no recuerda a la ciclista mexicana que fue atropellada por un auto mientras trataba de entrenar entre las calles de ciudad Netzahualcóyotl?

O los casos de deportistas como Ana Guevara, que aunque denuncien las arbitrariedades de que son objeto, sus palabras caen en oídos sordos.

Las mafias del deporte en México están bien afianzadas, y mientras sigan así, les aseguro que los deportistas mexicanos, no tendrán oportunidad alguna.

En ese contexto, el triunfo de Paola Espinosa y Tatiana Ortiz, que ganaron la medalla de bronce en la prueba sincronizados plataforma de 10 metros, es todavía más meritoria, porque no sólo tienen que competir contra otros atletas, sino también contra la broroacia que ha asfixiado al deporte en México.