DE ACUERDO a la National Retail Federation, los norteamericanos planean gastar un promedio de $832 dólares en compras relacionadas a la temporada navideña, un 1.9 por ciento arriba del año pasado.
NO ES MI caso. Yo soy un mal negocio: me gusta comer chocolates y manzanas; embarrar mantas con pintura; escuchar toda la música de las bibliotecas públicas; caminar con zapatos usados y cómodos; escarbar en el jardín y cortar ramas para crecer nuevas plantas; ir a Las Vegas tan solo para caminar y conversar con las meseras y afanadoras, para tomar fotos y unas cuantas cervezas; de la Navidad, me gusta más pensar en la humildad de los pesebres, que en las ofertas de los "malls"; me aterra andar deprimido y entrar con una tarjeta de crédito a las tiendas...
PERO no exageremos: me gusta gastar en herramientas que hacen más eficiente mi trabajo y otros gustos; me gusta desperdiciar mi tiempo escribiendo con pluma fuente en lujosas libretas cubiertas de piel; me gusta gastar en el cine, café, periódico, palomitas, libros... Pero no creo que las ruedas de una bicicleta de 1,000 dólares sean más ruedas que la de 100, si lo único que quiero es pedalear para observar jardines, playas, ríos y parques.
MIS GASTOS, lo reconozco, no harán que la economía salga de la recesión, pero si me lo preguntan, les diré que doy mi salario por unas cuantas yerbas, tierra, pájaros, libros, la carrera de mi hijo, música y cuadros qué pintar.
POR ESO, estoy preocupado, pero no mucho, del tiempo que durará esta mala economía. Me preocupa más, la verdad, pensar en cuantas armas más se comprarán, con los impuestos de profesores, jardineros, doctores y enfermeras, para repartir lecciones de democracia por el mundo.
ME PREOCUPA saber cuántos veteranos mutilados y esquizofrénicos podrá sostener esta economía; me preocupa ver los comerciales del cine donde anuncian las guerras como una labor de "Boy Scouts" o un concierto de rock.
PERO ya que va a terminar el año, más vale que me llene de buena voluntad y optimismo, aunque ya se sabe de antemano, que el 2009 será un calvario... por culpa del Dow Jones.



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