MÉXICO, D.F., mayo 20 (EL UNIVERSAL).- Llora. Y no hace nada por ocultar sus lágrimas. Con amargura, Susana Monreal deja salir su lamento: "Esto es lo que tiene la política de sucia, baja, ruin, es para asquearse". A unos metros, su hermano Ricardo, senador con una licencia que tiene diez minutos de vigencia, de las tres semanas que pidió, responde a preguntas de la prensa. Le acompañan su esposa y su hija.

"Van con todo, calumnian, filtran mentiras. Allá en Zacatecas apareció en pasquines, en correos electrónicos la supuesta noticia de que Ricardo, David mi otro hermano, que va primero en las encuestas para ser gobernador y yo nos reuniríamos con el "Chapo" Guzmán para ponernos de acuerdo en el manejo de la droga y en cosas políticas. Y no es la primera vez que intentan desprestigiar a mi familia. Yo era cercanísima a Amalia García. Nos pidieron que firmáramos un documento en el que se atacaba a Ricardo. Me negué. Claudia Corichi, la hija de la gobernadora me amenazó, me dijo que si no firmaba, se acababa mi carrera política", agrega, se desahoga Susana, la diputada.

Poco después, abandonan el recinto senatorial. Algunos aplausos despiden al ex mandatario estatal, ex priísta, ex perredista. Y camina por Donceles, recuerda:

"Es la misma estrategia de hace poco más de una década cuando dejé de ser priísta. La misma historia de las supuestas ligas de mi familia y yo con el narco, pero reeditada. Ahora, es burda, es evidente la maniobra en la que participan Germán Martínez Cázares y el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont. Y así como entonces Mariano Palacios se tuvo que desdecir, te lo aseguro, ellos tendrán que retractarse".

En la madrugada había terminado de escribir la carta con la que solicitaba licencia y exigía se le investigue sin dilaciones. Sólo se lo dijo a su esposa. Su hermana Susana no estaba enterada. "A Andrés Manuel no le comenté nada, nada hemos tratado de esto, no lo quiero involucrar para nada" reiteraba.

Se retira. Ya va sólo con los suyos y alguno de sus leales colaboradores. A sus espaldas, en el patio de la casona de Xicoténcatl todo queda listo para el banquete. Manteles de colores vivos, platos, absurdas copas de vino, pues lo que se servirá más tarde será nana, buche, maciza, cueritos, chamorros. Carnitas para que las disfrutaran, las compartieran los legisladores de todos los partidos, y funcionarios, y productores. Un acto de desagravio a los cuinos mexicanos, injustamente acusados hace unas semanas de ser los causantes de la epidemia de influenza.

Una especial jornada en el Senado de la República. Se mantuvieron las medidas de seguridad sanitaria. Todos los que entraron tuvieron que responder al cuestionario sobre si han tenido o no síntomas asociados con la enfermedad que aún amenaza. Todos se limpiaron las manos con gel. Diputados y senadores recibieron los disparos de laser que determinarían si tenían fiebre. Temprano estaba ya ahí, evidentemente entusiasmado, Federico Ling, el embajador designado ante El Vaticano, para rendir protesta en sesión a puerta cerrada.

Y cerca ya del medio día, Ricardo Monreal llegó a tribuna, aclaró la garganta, dijo: "Provengo de Zacatecas, un pueblo digno, nací en Plateros, Fresnillo. Tengo tres hijos con mi esposa María de Jesús: Cati, Ricky y Mary-". Agregaría que es un hombre que no transa ni negocia sus principios, que nada le avergüenza de lo que ha hecho en su vida. Y entraba en materia. Pedía licencia.

Y su hermana Susana llora, habla de lo sucio, lo ruin, lo bajo de la política. Se marchan. En el Senado todo está listo para el banquete de carnitas-