Ruido de autobuses, cordones rojos atercipelados, trompetas de heraldos, burócratas en trajes, discursos de ocasión... y a un lado de una angosta acera un flamante nuevo centro de información de la Autoridad del Transporte de Long Beach.
¿Servir a los trabajadores que todos los días toman el autobús o a los turistas que pasan por ahí?
La respuesta más fácil es: a los dos.
Pero en esa esquinita de la calle Pine y 1 a., la nueva estructura parecía un sombrero de tres picos que casi no tiene espacio para tapar el sol ni a la lluvia.
"¡Ufff!... El problema es que era un espacio así de chico", dice el arquitecto Adolfo Miralles, haciendo un rectángulo con las manos.
Pero aún con todo eso, explica el responsable de ese diseño, se trató de que fuera algo "práctico", "que se pueda limpiar y mantener" con facilidad. Además de que represente lo que es Long Beach. ¿Y qué es Long Beach?... ¡Claro! "olas, veleros, botes"...
Aunque en su proceso de construcción solía parecer a muchos una especie de carpa de circo, o una estructura de tubos, el concepto, según explicó Miralles era traer más los diseños del mar Tierra Adentro, justo ahí enfrente de un gran edificio de estilo neoclásico que habla de otros tiempos para la ciudad.
Miralles insiste que el sentido de su arquitectura fue el sentido práctico. Explica que por eso en los baños que estarán abiertos solo por la mañana, no se pusieron puertas para inspirar más seguridad. "Yo insistí en eso", dice.
Miralles es el mismo arquitecto que diseñó las estaciones del Metro de Long Beach y otra infraestructura cercana.
Es por eso que se le cuestiona lo angosto que quedó la acera para caminar enfrente de las oficinas de información, al grado de que en la ceremonia, muchos tienen que estar en plena calle, mientras un par de policías cuida el tráfico.
"Por eso le puse curvas", dice Miralles. (O sea, ¿para que unos transeúntes se hagan a un ladito, mientras los otros pasan?).
Mientras la ceremonia sigue, luego de que los funcionarios los listones de rojo con un transfondo de trompetas palaciegas, observo a mi alrededor ese lugar que he usado por varios años, y me quedo pensando nuevamente en lo inhóspito que es ese espacio en esas noches de lluvia, donde hay pocos techos para resguardarse.
Pero hay otras ciudades que tienen peores climas, dice a manera de justificación la Concejal Suja Lowenthal.
¡A vaya!
Ya sé lo que les voy a decir en la próxima temporada de lluvias a mis amigas, las recamareras que trabajan en los hoteles cercanos.
¿Y un lugar para amarrar las bicicletas?
¡Ah sí!... Allá están en lo que fue un proyecto fracasado de renta de bicicletas, a la que alguna vez acudí para su inauguración.



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