"ESTOS son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros", decía el actor Groucho Marx. Hay personas que abandonan sus creencia tan pronto como encuentran dificultades para ser aceptados debido a sus ideas, o cuando sus ideas requieren de mayor información y reflexión, y discusiones amigables y abiertas.
HAY personas que tienen buenos principios, pero malos finales. Esto no se refiere solamente a una mujer o un hombre que se ven seducidos, sino a personas que tienen aparentemente buenas ideas, pero que la forma de ponerlas en práctica da resultados desastrozos, como en los fanatismos religiosos o políticos.
EN EL QUEHACER político, administración tras administración, se suelen discutir los mismos temas: un partido dice preocuparse por el bienestar de todos los norteamericanos, su educación y su salud, pero a la hora de decidir en a quiénes tiene que atender primero termina favoreciendo a quienes fabrican las pastillas, antes que los que se las van a tragar; favorece a quienes lucran con la educación que a quienes se educan...
LA FORMULA que usan para pervertir sus principios es de que los intereses de los peces gordos coinciden con los de los peces chicos, y que si se atiende primero el apetito de los peces gordos, estos luego cuidarán que los pecesitos no pasen hambre... ¡comiéndoselos!
RECIENTEMENTE en una decisión muy dividida, la Corte Suprema decidió que las grandes corporaciones pueden gastar lo que sea en propaganda para apoyar un candidato, ley o partido. Y, si un ciudadano común también lo quiere, pues al igual que las corpoaciones puede gastarse los millones que quiera en propaganda. Todo esto, contraviniendo con las intenciones de regular el dinero que las corporaciones inyectan en las campañas políticas. La corte puso, por un voto de diferencia, en el mismo plano a alguien que solo tiene su voz para convencer y a quienes pueden hacer uso de satélites, televisores, Internet, aviones... Aquí, nuevamente los "buenos principios" tienen finales desastrozos para la democracia.
EN CUANTO a la salud, es muy probable que debido a que los ejecutivos de las corporaciones tengan a una mamá viejita y a unos niños sonrosados y bonachones, crean que el Derecho a la Salud de niños y ancianos sea una buena idea. Seguramente que creen que tener trabajadores sanos y confiables mentalmente es un requisito para la productividad de ganancias. Pero ya cuando se trata de pensar en todo lo que se necesita para que la Salud Pública sea una realidad, principalmente en los países más productivos e industrializados del planeta, las cosas empiezan a cambiar.
ANTE esto, el Estado, la Administración Pública, debe ser quien garantice que los grandes principios morales que nos constituyen como nación se lleven a cabo, y todos los que se benefician de un país estable y productivo deben contribuír a que estos principios tengan buenos finales.
El Derecho a la salud y la educación, son los componentes al Derecho a la Libertad. Estos son mis principios y, discúlpeme, no tengo otros.



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