Quienes seguimos de cerca las elecciones del martes 6 en Estados Unidos, tomamos conciencia de lo apretado que por momentos se tornaba la contienda. El mapa electoral cambiaba del azul al rojo y viceversa. Se sentía que quien ganara lo haría por un margen muy pequeño que podría poner en juego incluso la propia gobernabilidad en aquel país.

Pese al hecho irrefutable de que existe en ese país una sociedad confrontada y de que el presidente Obama habrá de buscar fortalecer la cohesión nacional a toda costa, el margen con el que se impuso a su oponente resultó más amplio de lo esperado: 332 votos electorales contra sólo 206 de su contendiente Romney. En el voto ciudadano la diferencia a favor de Obama fue de cerca de 3 millones y en estos resultados los hispanos jugaron un papel determinante.

Si el 71% de los votantes latinos (el 10% del electorado total en ésta elección, por encima del 9% en 2008) se inclinó por Obama, es de esperarse que Obama se incline por los latinos y que cumpla con la promesa que les hiciera durante su primera campaña presidencial: implementar una reforma migratoria integral.

Es un hecho que los latinos constituyen ya un bloque político que contó no sólo en el triunfo de Obama sino también en el Congreso donde aumentaron en cuatro sus diputados y en uno de sus senadores. Por ello es correcto señalar que el voto latino en Estados Unidos llegó para quedarse. Sería entonces adecuado suponer que el partido Demócrata entiende y reconoce la importancia de la reforma migratoria para mantener el apoyo electoral de este importante grupo demográfico que, obviamente, en cuatro años será aún mayor.


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El partido Republicano, que con tanto desdén trató a los latinos, llevando incluso a su candidato Romney a aliarse con la derecha recalcitrante, xenófoba y antimigrante, ha empezado a modificar su mirada. Tanto así, que hoy el líder republicano en la Cámara baja, el diputado John Boehner, señala que quizás ha llegado el momento de una reforma migratoria.

En una entrevista concedida a la cadena ABC, Boehner sostuvo que el tema ha rondado por demasiado tiempo y que debió de haber sido resuelto en su momento. Enfatizó, sin embargo, que toca a Obama tomar la iniciativa, pero que él está dispuesto a encontrar con el presidente puntos de vista comunes que permitan resolver el problema de una buena vez. Es difícil saber si su postura refleja la del conjunto de los diputados republicanos o la del propio partido, pues la verdad es que lo que ha predominado hasta ahora ha sido la multiplicación de los estados de la Unión Americana que aplican severas medidas antinmigrantes y, es un hecho, que en los últimos cuatro años se llevó a cabo el número de deportaciones más grande de la historia.

Hasta ahora lo más que ha logrado el presidente Obama ha sido echar a andar su Programa de Acción Diferida (que ha sido severamente obstaculizado por la gobernadora de Arizona) y que, si bien constituyó un paso en la dirección correcta, es más que insuficiente.

Ante las declaraciones de Boehner uno no puede dejar de preguntarse si en verdad el tema de la reforma migratoria integral le interesa o busca la forma de paliar la propuesta de Obama que tiene que ver con la reducción del déficit fiscal del gobierno federal, mediante la combinación equilibrada de menos gasto y mayor carga tributaria para las familias más ricas del país, combinación a la que se ha denominado "abismo fiscal" y de la que se dice podría provocar una nueva recesión el año que entra en ese país, con catastróficas consecuencias para el resto del mundo.

Ojalá, por el bien de nuestros paisanos, no acabemos viendo el clásico trade off" en el que se sacrifique parte de la reforma migratoria para obtener un equilibrio fiscal que puedan apoyar los republicanos.