Lo dijo una y otra vez durante su campaña: Los culpables de la pobreza y de la falta de oportunidades y buenos empleos en todo el país, son los billonarios que tienen comprados por igual a los demócratas y a los republicanos. Hombres y mujeres que después de contribuir a sus campañas electorales, son recompensados con sendos puestos en los gabinetes. ¨Yo voy a terminar con ese sistema corrupto. Conmigo todo va a ser diferente; yo voy a nombrar a la gente más brillante y preparada para cada puesto. Everything is going to be big and beautiful. ¨

El actual presidente también aseguró que su equipo de trabajo iba a estar integrado por mentes brillantes e incorruptibles que iban a tener como prioridad el bienestar de las mayorías olvidadas y menospreciadas por el sistema, además recalcó una y otra vez, ¨Yo tengo mucho dinero, mucho dinero. No necesito que nadie me de nada.¨

Estas promesas y la contundencia con que las hizo, fueron suficientes para convencer a millones de personas para que le dieran su voto; si a éstas, se les suman las que le aplaudieron su postura contra los mexicanos, además de a intromisión rusa en la campaña, se entiende el por qué llegó a la presidencia.

Con Donald Trump como presidente, Estados Unidos vive una nueva realidad. La de hacer todo lo contrario a lo prometido en campaña, para nosotros que venimos de Repúblicas Bananeras, (Así es como llaman a nuestros países los congresistas en Washington) no nos extraña, eso pasa muy seguido en nuestros lugares de origen. Pero la verdad, hasta hace muy poco tiempo, pensábamos que éste era un país diferente; un país superior en civismo y más equitativo, donde a todos se les daba las mismas oportunidades de triunfar. La realidad se nos presenta ahora diferente.


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El nuevo mandatario ha demostrado un completo desdén a una de las principales promesas de su campaña: ¨Voy a limpiar Washington de favoritismos.¨ Sus acciones demuestran lo contrario. Está documentado que todos los que ha nombrado para su gabinete son millonarios y billonarios considerados amigos personales, que han donado millones de dólares en campañas para elegir congresistas republicanos y uno en particular, lo ayudó cuando se encontraba en aprietos con sus bancarrotas.

Los candidatos que ha elegido para puestos claves en su administración serán confirmados, porque cuenta con la mayoría de votos, esa es una realidad. Otra realidad es que el perfil de la mayoría de los elegidos se contrapone a la misión de cada departamento que van a estar a cargo. El único común denominador que tienen en común estos próximos funcionarios, es el monto descomunal de sus fortunas personales.

El más pobre: Steven Mnuchin, ex banquero, uno de los dueños de One West Bank acusado de ser el responsable de que miles de personas perdieran sus casas durante el debacle inmobiliario, su fortuna personal está considerada en 46 millones de dólares. Mnuchin será el Secretario del Departamento del Tesoro. Betty DeVos, esposa del hijo del fundador de Amway, con una fortuna personal calculada en 5,100 millones de dólares. Le sigue Wilbur Ross, Secretario de Comercio, sacó a Trump de aprietos en sus bancarrotas. Es banquero y se dedica a comprar empresas que van a cerrar, las desmantela y luego vende sus activos con mucha ganancia, algo así como lo que hacía Richard Gere en el personaje que hizo en la película Pretty Woman. La fortuna de Ross se calcula en 2,500 millones de dólares. Con la llegada de estos billonarios a la Casa Blanca es de esperarse que no vayan a saquear, ni aprovecharse de su puesto para algún beneficio personal, sino que llegan con un gran sentido altruista y un verdadero deseo de ayudar a las masas que votaron por Trump. ¿Será?