El discurso de Barack Obama el pasado martes, mientras se establecía su triunfo sobre Hillary Clinton, fue esperanzador, provocativo y desafiante.

Barack Obama retomó el tema que lo catapultó a la candidatura, como lo fue su oposición a la guerra. Pero el ahora candidato demócrata fue mucho más lejos y no desaprovechó el tiempo y se lanzó en contra de John McCain, a quien acusó de querer perpetuar, en un tercer mandato, las impopulares políticas de George W. Bush.

En su discurso, el candidato esbozó algunos de los planteamientos que muchos norteamericanos querían escuchar, como luchar para evitar que las grandes corporaciones sigan teniendo numerosos privilegios, mientras la clase trabajadora tiene cada vez más dificultades para cargar combustible en sus autos y mientras los salarios siguen a la baja.

Fue un discurso desafiante y fresco. De cualquier manera es de esperarse que en los próximos meses vaya adquiriendo un tono más conciliador para tratar de atraer las simpatías de los enormes segmentos de la pioblación que no votarían por él por el hecho de ser negro.

En las próximas semanas seremos testigos de una contienda electoral que no se va a destacar por limpia.



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