Toronto (Canadá), 28 jun (EFE).- Parafraseando la afirmación que el equipo de Bill Clinton hizo famosa durante la campaña electoral de 1992, el electorado estadounidense ha dejado claro a Obama y McCain que esta vez "es la gasolina, idiota".

Más que nunca, los estadounidenses sienten en sus bolsillos la escalada de los precios del barril de petróleo y su automática transferencia a los surtidores de gasolina del país.

La multiplicación de los precios del combustible ha reducido el dinero disponible para otros artículos, elevado el coste de todos los productos -desde alimentarios hasta el entretenimiento- y dejado en la calle a miles de trabajadores.

El sábado, la Asociación de Automovilistas de EEUU (AAA) señaló que el precio medio del galón de gasolina en el país se sitúa en 4,072 dólares (el equivalente a 1,08 dólares por litro), un 37 por ciento más que hace un año.

Lo que es casi peor, la mayoría de los analistas advierten que el precio del petróleo seguirá en ascenso en los próximos años y algunos aventuran que el barril se situará en los 200 dólares en el futuro cercano.

La escalada de precios de la gasolina daña la economía estadounidense lo que a su vez afecta a la campaña electoral, que terminará con la elección del demócrata Barack Obama o el republicano John McCain como presidente de Estados Unidos.

Una reciente encuesta de Gallup sobre cómo el aumento de los precios de la gasolina afecta a los estadounidenses ofrece


Advertisement

respuestas de la importancia que la crisis energética y sus efectos económicos jugará en la elección de noviembre.

Un 15 por ciento de los consultados afirma que ya no pueden hacer frente al coste asociado con la conducción o el transporte diario de casa al trabajo. Otro 11 por ciento reconoce que ha tenido que limitar sus viajes y vacaciones y otra cifra igual ya no puede ahorra mensualmente o están obligados a recortar otros gastos.

Gallup destaca que el aumento de los precios de la gasolina no sólo afecta negativamente actividades directamente ligadas con el automóvil, como conducir más o menos, sino que modifica su situación financiera.

Así que no es extraño que en otra encuesta dada a conocer por la misma firma el viernes, la mayoría de los estadounidenses expresa una mayor preocupación por la situación económica del país (un 56 por ciento) que por la amenaza terrorista (un 39 por ciento), situación inversa a cuando se inició la campaña electoral.

Los dos futuros candidatos a la Presidencia estadounidense vigilan atentamente el cambio en las preocupaciones del electorado.

Para McCain -que al principio de la campaña reconoció su debilidad en asuntos económicos- la escalada de la crisis energética y sus efectos en la ralentización económica del país puede ser uno de los factores que le aparte de la Casa Blanca.

Quizás por ello uno de sus principales asesores del senador por Arizona, Charlie Black, cometió el desliz de reconocer públicamente que otro ataque terrorista en Estados Unidos -tras el del 11 de septiembre del 2001- "sería una gran ventaja" para McCain.

En este contexto tampoco es extraño que McCain propusiese un paquete de incentivos económicos para reducir la dependencia que el país tiene del petróleo. Una de las propuestas del republicano es un premio de 300 millones de dólares para quien mejore la batería de los vehículos híbridos actuales.

Obama no se ha quedado atrás en reconocer la importancia que la crisis energética tiene en la vida cotidiana de la mayoría de los estadounidenses.

Obama calificó recientemente los planes energéticos de McCain como un "truco barato" que no permitirá que Estados Unidos acceda "a la próxima generación de energía renovable".

El plan energético de Obama incluye aumentar la eficiencia energética de los vehículos que circulan por Estados Unidos e invertir 150.000 millones de dólares en una década en energías renovables que eliminen la dependencia del petróleo. EFE