La iniciativa del alcalde Antonio Villaraigosa de tratar de reparar las escuelas de menor desempeño académico de Los Angeles es uno de los movimientos políticos más importantes de este político latino.

Si consigue demostrar que su plan para una educación mejor es viable, incluso en escuelas donde la mayoría de los estudiantes no habla inglés y donde apenas el 2 por ciento de los estudiantes aprobarían un examen de matemáticas, entonces el camino hacia puestos más elevados, estará despejado.

En cambio, si no lo consigue, se le vendrán encima los críticos que lo tildarán de testarudo y torpe.

Independientemente de la carrera politica de Villaraigosa, ojalá que su iniciativa funcione y se logre cambiar esa cultura del fracaso que persiste, desde hace varias generaciones, entre los estudiantes de más bajos recursos y menores oportunidades de la ciudad de Los Angeles.

Pero el alcalde no lo puede hacer sólo, se necesita la colaboración de los maestros y de los padres de familia. Sin ellos, ninguna reforma funcionara.



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