Desde que llegué a Estados Unidos, hace unos 22 años, he escuchado repetirse la misma cantaleta. Cuando se aproximan las elecciones, ya sea para gubernaturas o para la presidencia, la comunidad latina y sus potenciales votos, se vuelven, de repente, el tesoro más añorado de estos políticos.

Lo mismo ocurrió cuando el presidente Bill Clinton andaba en campaña o cuando las senadoras Barbara Boxer y Dianne Feinstein estaban buscando un puesto en el Senado de Estados Unidos.

En ese tiempo, estos aspirantes demócratas hicieron promesas a la comunidad que nunca cumplieron. Por algún motivo que no se cual es, la comunidad latina considera a Bill Clinton, como un presidente amigo de los inmigrantes, cuando en realidad el fue el principal promotor de la Operación Guardián, con la que se selló la frontera y con la que se obligó a los flujos de indocumentados a intentar cruzar a este país por las zonas más escabrosas, y trayendo como resultado miles de muertes en estos 12 años.

Con George W. Bush, y los republicanos ocurrió lo mismo. En aquél entonces se decía que el voto latino era el gigante que había estado dormido pero que ya había despetado y que ahora, más que nunca iba a expresar su poder.

En aquellas disputadas elecciones, es cierto, el voto latino fue muy importante y ayudó a Bush a llegar a la casa Blanca. Pero una vez instaurado en su posición, lanzó una violentísima ofensiva contra los indocumentados a través de redadas en centros de trabajo,


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deportaciones, etcétera.

Al igual que en aquella ocasión, cuando el entonces candidato george W, Bush andaba en campaña y hablaba espanol y presumía a sus familiares mexicanos, ahora los aspirantes a la presidencia están haciendo lo que sea para ganarse el voto. John McCain no dudó en ir a postrarse ante la virgen de Guadalupe, mientras que barack Obama ha tenido que recurrir al Cucuy de la mañana para poder acercarse a la comunidad latina.

Pero más allá de la imagen y la forma, en el fondo, ambos candidatos han tenido que ir moderando sus promesas, ya que ambos requieren el apoyo de otros sectores de la sociedad norteamericana.

Por eso, los dos candidatos han empezado a hablar acerca de la necesidad de reforzar la frontera antes de una reforma migratoria integral.

Lo que no saben estos políticos y sus asesores es que el tema migratorio es sólo uno de los muchos asuntos que preocupan a la comunidad, entre los que destaca el empleo, la educación, la vivienda y sobre todo, el derecho a buscar el sueno americano de la misma manera en que lo han hecho otros inmigrantes llegados de diferentes partes del mundo.

Por eso la cantaleta de que el voto hispano va a ser fundamental en estas elecciones, me molesta. Y me molesta porque la comunidad, por décadas a dado su apoyo, y el resultado ha sido que en cuanto asumen el poder se olvidan de sus promesas. Tal vez la comunidad debería encontrar formas más efectivas de negociar políticamente su apoyo. Ya basta que la comunidad sea utilizada sólo como botín electoral.