Un día me habla una publirelacionista para referirse a una marca que es "el tequila oficial de la Selección Mexicana".

¡Achis, achis! -me digo- a poco los deportistas son borrachos.

Con la educación de un Boy Scout, le digo a la publirelacionista que es más fácil promoveer un "hard liquor" del lado del arte o las pasiones culinarias, que del deporte.

Entiende. Pero se trata de su chamba.

Otro día, una marca de cerveza y una compañía de televisión, le encargan a otra publirelacionista promoveer la selección de "Las estrellas del deporte".

¡Pasu!

La verdad, me sorprende, pero no me extraña.

Numerosas veces he visto comerciales de cervezas que usan el patriotismo, el chauvinismo de los "jispanos" para vender sus productos: ¡Oye güey, pásame otra chela!... ¡Aquí están sus modelos, señores!...

Pero fíjese bien lo que pasa debajo del agua.

En realidad, así como el dinero, las marcas ya no tienen patria, ni son como la pirámide de Teotihuacán, símbolo de México.

Por ejemplo:

La firma estadounidense Anheuser-Busch, que controla el 48.5 por ciento del mercado de la cerveza en Estados Unidos, "controla además la mitad del capital en el grupo Modelo y el 27 por ciento en la empresa china Tsingtao, cuya cerveza del mismo nombre es líder de ventas en ese país".

Y no solo eso, hoy se anuncia que "la mayor cervecera estadounidense, Anheuser-Busch, subió en la Bolsa de Nueva York un escaso 0.5 por ciento, tras anunciar que finalmente aceptó la oferta de compra de la belgo-brasileña InBev para convertirse ambas en el líder mundial del sector".

Con esto, si usted se chupa una Beck y otras marcas de cerveza, no piense que está contribuyendo a la economía mexicana, alemana o norteamericana... Who knows!

Estas ventas y compras ocurren, claro está en gran parte de compañías, pero es en ciertos productos como las bebidas alcóholicas donde se hace un uso más abusivo del chauvinismo étnico.

No estoy diciéndole que tome o deje de tomar una bebida.

Lo único que pretendo es que, a la hora de gastar su platita, no reaccione tan emocionalmente sobre uno u otro producto.

Busque la calidad y la conveniencia y no se deje manipular.

Yo hace poco, me encontré unas chelitas salvadoreñas, que eran las más baratas de la tienda, y para el fín que las quería, lo mismo sabían que otras lager.

En otra ocasión, nomás por puro cotorreo traje a la casa como unas cinco nacionalidades de cervezas, nomás para hacer un "beer tasting" con los cuates.

Yo busco la calidad, más allá de las etiquetas.

Imagino que lo mismo debería ocurrir con la "calidad humana" de las personas.