Así como la "buena" ciencia cambia de acuerdo a la mayor investigación que se realiza, dentro y fuera de las universidades, también los prejucios cambian, de acuerdo a los nuevos discursos ideológicos en los medios y las nuevas condiciones sociales de las personas.

¡Pa' su!... Qué rollo.

Pero es cierto.

Lo "mexicano", "latino", "hispano"... cambia de generación en generación; cambia de acuerdo a la dinámica migratoria, y cambia de acuerdo al cambio de las condiciones de vida de las personas.

En eso pensaban este fin de semana que me dí una vuelta a Monterey, California.

PREJUICIO NO. 1: "Los meseros son generalmente gente poco educada, que están ahí porque no pudieron o no quisieron estudiar una carrera".

LA REALIDAD: El mesero se me acerca. Toma la orden.

Luego le pregunto: ¿hablas español?

"Si, claro", dice con gusto.

"¿Ustedes de dónde son?", pregunta.

"De Michoacán".

"Yo soy de Tlalpa, Jalisco, pero crecí en Riverside".

"¿Por qué estas aquí?"

"Me vine a estudiar pedagogía y educación a la Universidad de Monterey... Pero gano más de mesero, que de maestro", dice mientras sirve las copas de Merlot.

PREJUICIO NO. 2: "Los inmigrantes latinos son homogeneos, y tienen necesidades comunes".

LA REALIDAD: Entre los mismos inmigrantes hay discriminación, clasismo, sexismo y racismo.

En mi estancia en Monterey veo el gran reconocimiento que hay a la tan sobada "herencia hispana". Hay un monumento al capitán español que llegó a esa costa, y en el museo histórico hay objetos que pertenecieron a los indios americanos.

Pero, entre el el mesero, la cajera, la recamarera del hotel, la gerente del hotel y el pescador, veo con descepción que el hombre moreno, bajito, de rasgos más indígenas que pela unas sardinas en el malecón, es al que le va peor. Es también el que más se parece a esos nativos americanos que ya existían aquí, cuando llegaron los españoles y los anglos.

PREJUICIO NO. 3: "Los seminarios, leyes, clases, libros y productos del cine y televisión cambiarán el racismo y la discriminación consciente e inconsciente".

LA REALIDAD: LA verdad es que el perfil social de las nuevas comunidades es tan cambiante, que todas las cosas antes citadas solo pueden ayudar a que esto cambie. Pero, lo más importante es quitarle el miedo a la gente para interactuar y salir a los lugares sin prejuicios y preconcepciones. Para esto se necesita tiempo, y, generalmente, los intelectuales y políticos que preparan manuales y leyes están demasiado ocupados para "estar al día" con lo que está ocurriendo.

Todos, de vez en cuando deberíamos hacer "turismo social", cuando viajamos a distintos lugares del país y el estado.

Aunque no fui mucho de "shopping" en Monterey, ni entré a observar a los pulpos del acuario, observé y hasta conversé un poco con los paisanos que ahí viven.