El Dorado Nature Center, Long Beach, California (José FUENTES-SALINAS/Archivo)

El Día de la Tierra significa que nos hemos olvidado tanto de la Tierra, que ya hasta necesitamos un día para recordarla.

"La" Tierra, en español es algo femenino, acaso por esa tradición de llamarla "madre".

Los Aztecas tenían a su diosa Mitlacantecutli como la expresión de La Tierra, la "devoradora de inmundicias" que transformaba los desechos que le depositaban por minerales valiosos como el oro, la plata, el jade y otras piedras semipreciosas.

Ellos no se referían a desechos industriales contaminantes, sino, simplemente desechos orgánicos reciclables: cadáveres, aves muertas, frutos, sangre...

Es evidente que Mitlacantecutli no podría operar en nuestra época industrial, en la que los desechos no son productores

El "Señor de los burros" que se encarga de vender tierra negra para las macetas. Zacapu, Michoacán, México. (José FUENTES-SALINAS/Archivo)
de humus y hojarasca, sino de otros venenos que contaminan el planeta.

Mitlacantecutli: Descansa en paz.

LLENARSE LAS MANOS

Llenarse las manos de tierra todos los días es algo necesario, cuando los demasiados teclados a una computadora, o los demasiados trabajos rutinarios fatigan la paciencia de los trabajadores.

Quédate frente a una computadora 8 horas y regresarás a tu casa con ganas de cambiarle la tierra a una maceta o cortar el pasto. Claro que un jardinero haría lo opuesto.

Llenarse las manos de tierra es un juego infantil que luego se transforma en arena y otros materiales más higiénicos.

Pero la tierra es tierra, y es un símbolo arcaico de vida, por eso esa costumbre de ser enterrado para


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regresar al ciclo permanente del planeta: "ya muerto, voy a llevarme, nomás un puuuño de tieeeerra", dice la canción mexicana de Ramón Ayala y sus Bravos del Norte.

LOS LUGARES DE TIERRA

En el centro de Long Beach, California, varias máquinas remueven a toda prisa la tierra de lo que será otro estacionamiento de un edificio. Es una tierra arcillosa, buena para cultivar cítricos. Pienso entonces en la Lima (Mexican Sweet Lime -dicen aquí) que no puede crecer adecuadamente en mi jardín debido a una tierra demasiado arenosa.

Quisiera llevarme aunque fuera unas cuantas cubetadas de tierra arcillosa para la Lima, pero la rapidez con que trabajan para llenar con más cemento la tierra, pronto convertirá ese espacio en otro de los miles de estacionamientos en el condado con más autos en el planeta Tierra.

¡MIERCOLES!... EL ESTIERCOL

La tierra arenosa sirve para que el curry, la Salvia Mexicana y el Níspero crezcan mejor. La tierra negra, llena de humus y hojarasca, como la que compraba mi madre al "Señor de los burros" en Zacapu, es buena para que crezca casi todo. Pero qué hacer de la tierra que tiene que ser fertilizada, sin que haya muchos desperdicios vegetal.

Leo en los periódicos que

La tierra por si misma se fertiliza con su propios vegetales convertidos en humus, como se observa en este suelo de El Dorado Nature Center (José FUENTES-SALINAS/Archivo)
en las huertas de Cítricos del Valle Central de California, la región más productiva en el mundo por hectarea, se usan fertilizantes que contaminan el agua del subsuelo.

Siempre que puedo, trato de evitar esos fertilizantes, compro tierra negra en costales, y he estado tentado a comprar estiercol de un dólar la bolsa, pero me parece un exceso comprar mierda empaquetada, teniendo tan cerca un corral donde la gente deja sus caballos en Lakewood.

SUR DE CALIFORNIA

En el Sur de California, uno tiene varios lugares para celebrar el Día de la Tierra cualquier día del año. En los Jardines Botánicos de Palos Verdes, un enorme basurero fue convertido en un espacio para cientos de plantas. Incluso, de la descomposición de la

Palma en proceso de floración en la Estación Willow, del Metro en Long Beach (José FUENTES-SALINAS/Archivo)
basura extraen gas metano para uso doméstico. Visitar esos jardines da mucha tranquilidad, pues uno se da cuenta que Mitlacantecutli no ha muerto, está ahí, esperándonos.

Otros lugares son el Arboretum de Los Angeles, donde muchos se toman las fotos de bodas y quinceañeras; o El Dorado Nature Center de Long Beach.

Al Dorado me gusta ir con cierta frecuencia los fines de semana, y hasta he comprado una calcomanía anual para ahorrar en el estacionamiento. Sin embargo, debido a esas cosas burocráticas que sigo sin entender, los horarios no se ajustan a la gente que trabaja.

Lo abren a la hora en que uno se va a trabajar, y lo cierran cuando apenas uno va saliendo.

Con eso, dejan muy pocas posibilidades para celebrar la tierra todos los días, principalmente a quienes no tienen jardines.

De cualquier forma, uno siempre tiene una tierra en qué celebrar a La Tierra, aunque sea tierra de las macetas... O de las uñas.